Título original: Bulletproof Monk.
Director: Paul Hunter.
Reparto: Chow Yun-fat, Seann William Scott, Jaime King, Karel Roden, Victoria Smurfit, Roger Yuan, Mako, Marcus Jean Pirae, Russell Yuen.
Guion: Ethan Reiff, Cyrus Voris.
Música: Eric Serra.
Distribuidora: Filmax.
Duración: 104 minutos.
Estreno: 16 de abril de 2023 (Estados Unidos), 13 de junio de 2003 (España).
Lo malo, dicho siempre con cariño, del incontenible aluvión de pequeñas editoriales e historias de origen que se desató en los años 90 y en el cómic norteamericano es que el cine, cuando decidió echar sus garras sobre el cómic, no sólo se fijó en el material de calidad sino que también se lanzó a por los derechos de historias que, sin un fandom poderoso, podía triturar a voluntad. Incluso pasando por encima de elementos más o menos esenciales de las historias, pues lo importante es el dinero que dejaban en las arcas de las editoriales. Esa es un poco la base que da sentido a El monje, película basada muy libremente en un cómic de Brett Lewis y Michael Avon Oeming, un juguete que se le dio a Paul Hunter para que debutara en la gran pantalla y que da la sensación de que no tenía más propósito que el de llevar a un entorno de superhéroes de saldo las acrobacias de Chow Yun-Fat mientras eran apreciadas en Hollywood por el extraño éxito de Tigre y dragón. La película no tiene mucho más, porque es un refrito de la fórmula de siempre de las historias de origen, con un protagonista joven y descreído, una chica guapa que sepa pelear por aquello de la igualdad que ya empezaba a sonar como concepto obligatorio en el cine de acción y algunas dosis de filosofía oriental que pudieran convencer a alguien por el camino de que El monje es algo que nunca alcanza a ser.
Partamos de la base más previsible, la de que el guion es lo más sencillo y trillado que uno pueda imaginar, más inofensivo que fallido, pero en todo caso sin nada realmente nuevo que aportar. Ni el monje sin nombre, ni el villano que trata de engañar a la muerte, ni el muchacho no precisamente heroico que está llamado a convertirse en héroe, ni mucho menos la misteriosa chica que se cruza en el camino de todos los anteriores sin que en realidad tengamos demasiado claro por qué, nada destaca especialmente. Y no lo hace porque El monje es plenamente consciente de sus limitaciones a todos los niveles. Dicho de otro modo, esta es la película que se quería entregar, una historia de origen más o menos apañada, que se desarrolle en el presente y tenga un prólogo en el pasado que justifique su lado más fantástico y que, en caso de salir bien, abra la puerta a una franquicia más o menos lucrativa. El problema es que esa idea llega tarde para este producto concreto. En los años 80, podría haber tenido cierta gracia, una simpatía conjugable con aspecto visual juguetón, características que de hecho forman parte de la esencia de películas de aquellos años que se recuerdan con bastante cariño, pero a comienzos del siglo XXi lo lógico era ya esperar otras cosas, planteamientos mucho más ambiciosos, en lo argumental y en lo visual.
No se puede negar que su protagonista, Chow Yun-Fat, es lo más destacable de toda la película, porque al menos ofrece cierta solidez al conjunto y a su interpretación. Seann Williams Scott no reúne los elementos suficientes para despuntar, y Jaime King aporta una planta que su personaje en realidad no le ofrece, antesala de lo que sí consiguió en otro cómic llevado a la gran pantalla, Sin City (aquí, su crítica), donde sí lograba el aspecto y la sensación de ser una auténtica femme fatale. En realidad, no hay mucho más que destacar, si acaso las acrobacias que despiertan más simpatía que dramatismo, que están conseguidas técnicamente pero que no alcanzan la espectacularidad que seguro sí tenían sobre el papel antes de convertirlas en la realidad de una película que se queda muy, muy lejos de su potencial. No es que el guion colabore demasiado en ese sentido, nunca es fácil tomarse en serio algo que tiene poca seriedad ya de base, pero en general es un producto bastante limitado. Se deja ver, sí, no es ofensivo en ningún caso, ni siquiera si pensáramos en compararlo con el cómic original, pero El monje es un evidente intento fallido de generar una franquicia de éxito y una película que, de manera individual, sólo se sostiene mientras se esté viendo sin demasiadas expectativas puestas en ella.
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