Guion: Sergio Hernández.
Dibujo: Toni Caballero.
Páginas: 168.
Precio: 22 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Febrero 2024.
Los propios Sergio Hernández y Toni Caballero reconocen en las notas finales de su adaptación de Soy leyenda, la novela de Richard Matheson, lo complicado que es hacer frente al poder del cine, por mucho que esta historia no naciera en el celuloide. Estamos hablando de un título que ha tenido una muy conocida adaptación en Hollywood, una con una gran estrella al frente, una que se tomó además enormes libertades para adaptar el relato, para darle un final. Y una que, por desgracia, estará grabada en la memoria de mucha gente con más fuerza que la propia novela de Matheson. Esto, nos guste más o menos, es una realidad, y es una que por fuerza condiciona. Pero el regreso al original con licencias propias, no las adquiridas por la película, se antoja una buena decisión para darle una nueva vida coherente y compatible con lo que ya conocemos. Eso y una paleta de colores atrevida que funciona bastante bien, aportando una sensación distintiva que seguramente con un toque más realista no se habría podido conseguir. La apuesta es tan sincera y generosa que no se puede entender nunca como algo en oposición a la fuente, sino como algo complementario, un punto de vista distinto para entender una historia bien conocida, al menos en su base, que sabe aprovechar el escenario apocalíptico y el sabor a duelo final continuo que tiene.
Es verdad que Hernández tiene un interés a priori más atmosférico que emocional, pero sería injusto decir que no dedica tiempo a ambas cuestiones. El protagonista, Robert Neville, es un tipo solitario a la fuerza, y su dolor por ello se ve, aunque no es tan fundamental en la historia solo el comportamiento que le permite sobrevivir cada día. Es fascinante la forma en la que nos adentramos en la figura del vampiro sin demasiada necesidad de ver a muchos de ellos en acción, aunque estén muy presentes en la historia. Y también lo es ese duelo casi mítico que nos presenta con el líder de los vampiros, como si hubiera algo entre ellos desde antes de que los vampiros dominarán la Tierra. El misterio que se abre en el tercio final juega como un buen complemento de todo lo anterior y como catalizador del desenlace. Y los cartuchos de texto se convierten en una herramienta muy válida para potenciar la sensación de último hombre vivo que necesariamente tiene que despertar Soy leyenda. En ese sentido, funciona de manera más que correcta como adaptación, incluso aunque también den por sentadas ciertas ideas que, forman parte del ser de una historia como esta, una que encuentra emociones muy humanas, también las que despierta romper con esa idea de base de estar ante el último superviviente, en una historia de ciencia ficción apocalíptica.
Lo más llamativo de este Soy leyenda, no obstante, es que visualmente es muy sorprendente. En realidad, parte de supuestos muy básicos, lo oscuro siempre le va a sentar buen al terror, pero tiene toques de color que se asoman incluso al arte pop y que difícilmente nos van a transportar a las ideas más clásicas del género. Es ahí cuando el libro adquiere una personalidad propia más marcada, y donde realmente se agradece el esfuerzo de los autores por marcar distancias. Aún más, por saber encontrar puntos de vista que el cine tampoco quiso estudiar en su versión de la novela de Matheson. Puede sorprender un tanto el aspecto de Neville, que casi parece algo juvenil, pero más allá de eso la historia tiene muchos ganchos visuales, tanto como para considerar esta versión como algo en sí mismo, distinto de la película que protagonizó Will Smith y, de alguna manera, tambien de la novela de la que surge. Esa es la idea de las adaptaciones y su propósito más claro, que tengan esa vida personal, que encuentren ángulos distintos que ver, sitios distintos a los que mirar, por mucho que tanto Hernández como Caballero se demuestren como fieles guardianes de una historia a la que siempre merece la pena volver, en este envoltorio por supuesto, pero también por medio de la novela original.
El contenido extra lo forman unas notas finales de los autores, el diseño de los personajes, el proceso del guion a la página acabada y las portadillas de los capítulos de Toni Caballero.
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