Título original: Guardians of the Cosmos.
Director: Bill Wolf.
Número de episodios: Piloto.
Duración: 24 minutos.
Estreno: 1993.
No es ningún secreto que la enorme fascinación que producen manga y anime en Occidente no siempre es la mejor manera de adaptar sus títulos más carismáticos en claves que se alejen de las originales, pero de cuando en cuando hay producciones que corroboran lo peor de esta tendencia. A mediados de los años 90 hubo un intento de serie animada norteamericana de Caballeros del Zodiaco que, para empezar, cambió el título original a Guardians of the Cosmos. Y si la adaptación cinematográfica más moderna de acción real (aquí, su crítica) ya dejó clara la incapacidad para hacer emocionante desde códigos occidentales aquello que desde Japón es vibrante, el piloto de esta serie era un indicio bastante claro de lo que podía suceder. Un piloto, porque lógicamente no se fue más allá. En esos poco más de veinte minutos, vemos a los personajes principales con nombres modificados, un entorno distinto, porque no es el Santuario lo que vemos, sino el templo de Apolo, que es como se renombra al Patriarca, y una trama que se quiere cerrar tan deprisa que casi da la sensación de que no había muchas esperanzas en que el proyecto prosperara. Y si este iba a ser el tono, se entiende fácilmente por qué no hubo una serie que siguiera a este episodio piloto que, por encima de todo, es tremendamente inofensivo.
No es que haya nada especialmente negativo, más allá de que la animación resulta bastante endeble y el diseño de los personajes es bastante anodino, casi impersonal, pero el gran enemigo de Guardians of the Cosmos es el referente del que parte. En todo está por debajo de prácticamente cualquier variación que se haya hecho, en papel o en pantalla, de los Caballeros del Zodiaco. No se entienden los cambios que se hacen, lo apresurado que parece todo por mucho que se trate de un piloto, pero sobre todo no hay motivos para comprender el giro que dan los personajes. Los pretendidos caballeros de bronce, a los que tampoco se refieren de esta manera, pasan de la burla desmedida hacia Atenea a un fervor desatado; tampoco hay motivaciones sólidas en el villano de la historia o razones por las que interviene quien conocemos como el caballero de Tauro, y que aquí no pasa de ser un matón venido a más. De hecho, el clímax es una lucha entre los cinco caballeros de bronce, que, insistimos, no lo son en esta versión, y el caballero de oro que quiere presentar un equivalente de la espectacularidad de los combates del anime pero desde unas limitaciones bastante obvias. En todo caso, no parece que el problema sea una cuestión de animación o de diseño, sabiendo que no son especialmente brillantes.
¿Y dónde está entonces el problema? Para empezar, en el carisma. Nada de lo que vemos en estos poco más de veinte minutos tiene fuerza como para entender este piloto como parte del mismo universo que ya conocemos. Se intenta emular los golpes más conocidos de los personajes para tratar de acercarse al original, pero sin espectacularidad de ninguna clase. Y el mismo diseño de los protagonistas hace que sean muy pesados en su presencia, rígidos, marcando una distancia obvia con respecto a la fluidez, al movimiento líquido que sí podían tener en el anime. Si la historia parece endeble, un resumen muy precario de las bases de los Caballeros del Zodiaco para contenerlo en un piloto, y la animación no ayuda, hay poco que rascar. Tan poca ilusión despertó este episodio de Guardians of the Cosmos que se pasó casi treinta años encerrado en un cajón. La youtuber Ray Mona lo encontró y lo incluyó en su documental The Secret Stories of Saint Seiya. Lógicamente, ahora se ve con el sabor de estar asistiendo a una de esas rarezas inclasificables. Sabiendo lo que es y el poco alcance que tiene, hasta se ve con cierta gracia, pero siempre teniendo en cuenta que lo que tenemos entre manos no es, ni mucho menos, una de las mejores adaptaciones que vamos a ver de los Caballeros del Zodiaco.
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