Guion: Patrick Marty.
Dibujo: Chongrui Nie.
Páginas: 112.
Precio: 18 euros.
Presentación: Rústica.
Publicación: Febrero 2024.
Hay series que llegan al mercado español y que casi parece que pasan más desapercibidas de lo que merecerían, y Juez Bao es una que encaja perfectamente en esa idea. Desde noviembre de 2021 hemos visto ya cuatro entregas de la serie, y todas ellas alcanzan un nivel altísimo. Chongrui Nie y Patrick Marty nos llevan a la China de los siglos X y XI. ¿Lo histórico en este relato de ficción? Formidable, tanto en la descripción social que hace la serie como en el dibujo. Pero es que las historias son también espléndidas en sí mismas. El juez Bao es una figura muy destacable y bien construida, una que actúa casi más como referente como protagonista, y La posada maldita no es una excepción en ese sentido. Impresiona la forma en la que se asoma a temas muy modernos desde una perspectiva históricamente notable, y cómo un ritmo pausado, a veces casi demasiado, puede convencer a lectores que hoy en día estarán más acostumbrados a una velocidad mucho más alta en todo. Pero eso lo que quiere decir es que la historia entiende el escenario que quiere contar, y no lo convierte en una mera excusa para un lucimiento artístico vacío. No, Juez Bao es una serie brillante en lo visual pero muy completa también en lo argumental, precisamente porque tiene una vocación social notable.
Lo fascinante de Juez Bao radica siempre en su estructura, en el protagonismo que da a un elevadísimo número de personajes y teniendo en cuenta las características de cada uno de ellos y cómo influyen en la trama. Es un trabajo casi de ingeniería el de lograr que encaje todo en una misma historia, que haya tantas ramificaciones que pueden afectar a las decisiones y actuaciones del juez, y Martylo hace de una manera admirable y muy solvente. En este caso, además, con un escenario central, la posada del título, al que hay que darle sentido, lo que complica un poco más la labor del escritor. El resultado, en todo caso, es tan admirable como en ocasiones anteriores. Martyes muy inteligente a la hora tratar muchos temas sin dar la sensación de que lo hace como relleno o por justificar esa complejidad de personajes de la que hablamos. Porque es complejidad, pero nunca lío, eso que vaya por delante. Los temas se ven con claridad y tienen resonancias en temas actuales que el lector puede asimilar con facilidad, los mensajes también se entienden rápidamente y nunca de manera forzada, y todo cobra sentido para que el capítulo final, como suele ser habitual en Juez Bao, sirva para despedir la historia con calma y nitidez, con tiempo suficiente como para entender la resolución de todas las subtramas.
Teniendo en cuenta que Juez Bao es una serie muy bien escrita, La posada maldita también lo es como episodio individual, sigue siendo evidente que el gran reclamo del cómic está en lo visual. Nie tiene un estilo brillante que sabe conjuntar un toque ancestral, casi como si quisiera convertirse en una litografía de la época a la que se acerca, pero también disfruta de un toque moderno que permite al lector adentrarse en la psicología de los personajes. La expresividad que hay en sus rostros es fascinante, y eso que en ocasiones, casi siempre con el propio juez, busca que nos cueste entrar en sus mentes para no reventar sorpresas o giros. El uso de la tinta para dar vida a estas secuencias es espléndido y el blanco y negro no es impedimento alguno para disfrutar de la vida que desprende cada viñeta. Y sobra decir además que hay un trabajo excepcional a la hora de retratar la época escogida, con un nivel de detalle maravilloso y con una belleza que también hay que destacar, pues es lo que hace que nos detengamos en cada viñeta durante el tiempo que haga falta. Juez Bao. La posada maldita prolonga el estado de gracia de una serie sumamente interesante que tiene la enorme virtud de convencer desde el todo, desde su propuesta global, con la misma firmeza que lo hace en cada episodio concreto.
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