Guion: Miguel Vila.
Dibujo: Miguel Vuila.
Páginas: 164.
Precio: 22 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Noviembre 2023.
A veces hay pocas cosas más sencillas que escribir sobre lo que uno conoce. Eso podríamos pensar de Padualand si nos asumamos a la biografía de su autor, Miguel Vila, y vemos que originario de Padua y residente todavía en esa localidad italiana. Pero si lo hiciéramos seríamos también un poco injustos con el notable trabajo de Vila a la hora de construir un microuniverso que, destacando la principal de sus cualidades, casi habría que entender que es más verosímil que real. Es decir, que sabe jugar con bases cotidianas, cercanas y reconocibles para construir personajes y situaciones sin que estas tengan que pasar necesariamente por lo autobiográfico. Por donde sí pasa es, obviamente, por lo personal, esta es una historia muy íntima que habla de cuestiones muy serias como la soledad, el sexo, el aspecto físico, las relaciones, la falta de dirección en la vida, los rumores y los secretos, temas que son muy adultos pero que no tienen por qué plasmarse en comportamientos adultos. De hecho, Padualand es casi lo contrario, un compendio de malas decisiones, a veces puntuales pero también vitales. Todo esto junto crea ese mundo del que hablamos, ese universo que se configura en un sitio muy concreto, Padua, y que sólo puede comenzar con una ilusionante declaración de amor y acabar con un insulto injustificado.
Siendo un tebeo de claro y necesario corte realista, lo cierto es que Padualand tiene también algo de turbio. Lo es porque, al final, es un retrato de la miseria humana. No en temas trascendentes para la humanidad, pero si para trastocar las vidas de cada uno de sus protagonistas. Puede que la acumulación de perfiles de cierta excentricidad le dé un aire improbable al tebeo, pero si entramos en cada uno de los perfiles veremos que hay en ellos altísimas dosis de realismo, incluso para sentir que muchos de ellos podrían ser parte de nuestras vidas por imitación o por analogía. Quizá sea eso lo más atractivo de Padualand, que es un microverso único pero a la vez extrapolable, que juega con emociones muy diversas y con personajes que están pensados para despertar emociones en los lectores, de la naturaleza que sea. No hablamos sólo de Padua, sino de la periferia, y eso hace que tengamos ahí, no un personaje pero si un factor esencial para entender una vida que se asemeja a la de un pequeño pueblo, donde todo parece saberse, donde los rumores campan a sus anchas. Ese ambiente está muy bien retrato en las páginas de Vila, que hace funcionar a un grupo muy heterogéneo de actores y con la credibilidad necesaria para que simpaticemos, empaticemos o incluso odiemos a algunos de ellos.
Ayuda mucho, evidente, el estilo de dibujo del autor, uno que apuesta por lo feo dentro de lo bello, por la normalidad dentro de la caricatura, por una forma de ver y entender el mundo que se aleja obviamente del realismo fotográfico, se acerca mucho más al cómic independiente americano en muchos sentidos, pero que aún así podemos emparentar con nuestra propia realidad. Con una paleta de colores claros, es casi como si Vila nos introdujera en un mundo de mentira que sabemos que puede ser real, en el que las imperfecciones físicas juegan a favor del retrato de los personajes y de las emociones que van sintiendo. Es curioso cómo lo percibimos por una narrativa muy calmada, casi cinematográfica, para ponernos en contexto, para que vayamos descendiendo de las alturas hasta el suelo, desde lo idílico que se ve todo desde arriba hasta esa fealdad que se aprecia finalmente cuando los detalles nos asaltan. Padualand es un tebeo que sorprende por su sinceridad, porque se monta alrededor de unos personajes por los que Vila parece sentir muchas cosas pero no todas ellas positivas y que sabe desarrollarse sabiendo que, incluso llegando a conclusiones, esta siempre va a ser por fuerza una historia sin más final que el que queramos darle desde nuestra privilegiada posición de lectores.
Canícola publicó originalmente Padovaland en noviembre de 2020.
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