Guion: Koroha Kiritomo.
Dibujo: Koroha Kiritomo.
Páginas: 204.
Precio: 9 euros.
Presentación: Rústica con sobrecubierta.
Publicación: Noviembre 2023.
¿Puede convertirse un vampiro en una estrella mediática? Sí, puede, o al menos eso es lo que nos explica Morocha Kiritomo en Bloody Idol, un volumen autoconclusivo que va directo al grano, presentando al vampiro en cuestión, un joven (o no tan joven, quién sabe) de extraordinaria belleza, quien por una carambola del destino, chica apasionada mendiante, acaba en manos de un agente que tiene como objetivo convertirle en el objeto de deseo de todo el mundo. La cultura de los idols se ve reflejada en este manga de una manera original, rozando un absurdo que tiene su gracia y que se multiplica por el simple hecho de que su protagonista sea, hay que insistir en ello, un vampiro. Kiritomo se mueve a gusto en un escenario de esta naturaleza y ofrece una narración que casi parece atropellarse por convicción y en la que se trata de entender desde el principio lo enormemente contradictorio que es que la criatura que más oculta necesita estar se preste a tener la mayor de las visibilidades. Tan absurdo como divertido, al final Bloody Idol es tan juguetón como inofensivo, y sin necesidad de convertirse en un retrato definitivo de este mundo sí es uno bastante simpático, lo suficiente para salir del manga con una sonrisa e incluso para imaginar cómo podría continuar la historia.
Porque, claro, si uno intenta ser un idol en un momento dado, y más teniendo en cuenta que hablamos de un inmortal, ¿por qué no volver a probar suerte en el futuro, de esta u otra manera? Kiritomo logra algo muy complejo, que el estrellato le pueda resultar interesante a alguien que ha trascendido ya las necesidades humanas. La fascinación del otro lado es más fácil de entender, la cultura de la muerte o la fascinación por las criaturas aterradoras es algo que no resulta ajeno, pero la partida de ajedrez que entabla Bloody Idol consigo mismo es por el lado de hacer creíble que un vampiro quiera entrar en este mundo. El mismo hecho de ser una criatura de la noche abre una ventana al terror, pequeña, no se explora demasiado, pero sí se entiende que forma parte de este planteamiento. Y cuando el idol vampiro se encuentra con otros idols o con otros profesionales de este surrealista mundo en el que se adentra, es cuando el manga adquiere mayor interés. Lo teórico, una vez expuesto, no es tan trascendente, no es tan intenso pensar en un vampiro como idol que verle en las situaciones a las que se tiene que exponer, más cuando descubrimos que nuestro protagonista no es el único vampiro que tenemos por aquí, y aunque quede la sensación de que esa batalla no se termina de explorar del todo.
Dado que el tema de fondo es la imagen, esencia de ese superficial mundo del que casi nadie parece escapar y que de alguna manera Kiritomo consigue mostrar con bastante sinceridad, es importante que el retrato del protagonista y de algunos de los secundarios que aparecen brillen en ese sentido. No es un trabajo fácil, pero podemos dar por válido el intento de que esa cualidad se perciba con claridad. Y si no es fácil es porque es un vampiro. Guapo, pero vampiro. Guapo, incluso cuando enseña los colmillos. Guapo, incluso cuando se enfrenta a los convencionalismos del entorno profesional en el que se adentra y que, lógicamente, no entiende. Kiritomo firma un buen dibujo en ese sentido, porque sabe ser divertido pero sin convertir a un vampiro en un bufón o en una figura de la que resulta fácil reírse, ya que la comedia en Bloody Idol tiene que venir desde otros frentes. Es, desde luego, un manga curioso y singular, que apuesta por un escenario que quiere resolver con rapidez y coherencia, que desde luego abre puertas que deja ya al lector para que las imagine si lo desea, y que hace que buena parte de su simpatía radique ahí, en que sabe dar un punto final bastante certero sin irse por las ramas, que es lo que indudablemente habría sucedido si este fuera el primer volumen de una serie, aunque sin cerrar puertas para el futuro.
Shonengahosa publicó originalmente Bloody Idol en 2020.