Guion: Rodolfo Santullo.
Dibujo: Carol Medina.
Páginas: 120.
Precio: 22 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Noviembre 2023.
Hablar de Lorenzo Silva es hacerlo de sus novelas policiacas. Y en su trayectoria, los guaridas civiles Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro ocupan un lugar privilegiado como actores de una docena ya de relatos que convencen a pesar del paso del tiempo. El thriller de investigación tiene ahí uno de sus mayores enemigos, y no son pocas las historias que podemos intuir o pensar que de alguna manera se han quedado algo anticuadas. Pero con Silva no pasa, y por eso tiene toda la relevancia del mundo que veamos ahora la adaptación al cómic de la primera de las novelas protagonizadas por Bevilacqua y Chamorro, El lejano país de los estanques, que vio la luz hace ya un cuarto de siglo, en 1998. en una España que desde luego era distinta a la de hoy pero que Silva cierra muy bien para que eso no se note. La adaptación que firman Rodolfo Santullo y Carol Medina es muy competente, fiel a la novela original pero con la personalidad suficiente como para que podamos pensar en esta como en una primera entrega que bien pudiera tener su continuidad también en este formato de narración gráfica. Buena historia, sobresaliente misterio, personajes con carisma y muchas posibilidades y una resolución a la altura de las muchas pistas que Silva, y ahora sus adaptadores, van dejando por el camino.
La mayor dificultad en una obra de estas características es el cambio de lenguaje. Lógicamente, novela y cómic, siendo hermanos, transitan por vías distintas y hay necesidades que comparten y otras que no. Por eso, el trabajo de Santullo es muy interesante. El misterio de El lejano país de los estanques se sostiene muy bien en todos sus aspectos, que son bastantes, y la necesaria labor de síntesis que hay en el cómic no se lleva por delante ninguna de las necesarias aristas de este prisma ni tampoco el carisma de sus protagonistas. Eso va, claro, por los dos guardias civiles, pero también por el resto de personajes que vemos, a uno y otro lado de la ley, sospechosos y culpables. Y se aplica también a la misma historia. Las novelas de misterio apuestan con frecuencia por enfangar el escenario, dicho esto con cariño, para que el lector tenga un reto importante en la resolución del crimen. Pero aquí, siendo así, porque tiene que serlo, la claridad es absoluta, Santullo logra que, con menos información que en la novela, tengamos todo lo necesario para seguir los pasos de los guardias civiles y para comprender no sólo el misterio, sino también el papel que juegan todos los actores presentes en él. Con una lectura muy ágil, además, en línea con el férreo carácter que derrochan los dos protagonistas, con los que merece la pena el esfuerzo de ir conociéndoles poco a poco.
El dibujo de Medina busca un realismo evidente, uno que se aplique a su expresividad, a su mismo retrato, que en ocasiones parece incluso fotográfico, pero también a las sensaciones que tiene que desprender cada secuencia, desde la morbosa puesta en escena del asesinato hasta el atractivo físico cruzado que hay en las secuencias de baile o de la playa nudista. Puede dar la sensación por momentos de que hay algo de frialdad en el dibujo, pero al avanzar en la historia es fácilmente interpretable como una herramienta más para que el misterio sea lo más jugoso posible, para no desvelar más cartas de las necesarias en cada momento y para que nos sintamos un poco como los agentes protagonistas, viviendo cada una de las secuencias de la investigación y desgranándolas después para ver lo que hemos sacado en claro de ellas. Prima en este sentido el lenguaje corporal que Medina imprime a los personajes, precisamente por el hecho de que no quiere exagerar ningún rasgo de los protagonistas para que saquemos conclusiones con facilidad. Dicho de otra manera, todos los personajes despiertan dudas y el retrato de todo, personajes y escenarios, y eso habla del enorme acierto que hay en El lejano país de los estaques y las muchas esperanzas que se pueden poner en que las aventuras de Bevilacqua y Chamorro sean una serie, también en cómic.
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