Guion: Patricia Martín Rodríguez.
Dibujo: Patricia Martín Rodríguez.
Páginas: 136.
Precio: 14,95 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Noviembre 2023.
La salud mental es una cuestión tabú. Lo era, más bien, porque a raíz de ciertos episodios con personajes informativamente relevantes se ha empezado a hablar de ello, todavía con cierta timidez pero con mucha más decisión que hace no tanto tiempo. En el cómic siempre ha habido personajes así, pero rara vez se identificaba clara y abiertamente su problema. Y cuando la salud mental aparecía, solía ser en historias autobiográficas, intentos de llamar la atención de la sociedad. Coraje rompe esa tendencia y lo hace con una historia muy bien planteada. Patricia Martín Rodríguez nos ofrece en su primera obra que acompañemos a Jonay, un boxeador de 29 años que vive con su madre y que tiene enormes problemas para gestionar la ira. Si ese punto de partida ya es atractivo en sí mismo, en Coraje destaca más el desarrollo del relato porque plantea la importancia de las influencias, de las malas compañías y cómo definen el destino de un protagonista que vive en un mundo alejado de privilegios. Y si funciona bien esta opera prima es porque Martín Rodríguez imprime un aire muy realista al relato, siempre con los pies en el suelo, siempre con un lenguaje muy accesible y siempre llevando los temas que toca a un arena cotidiana, incluso cuando abraza abiertamente el thriller que va desarrollando y que queda abierto al final de este primer volumen.
El primer episodio de la historia, que pudimos leer a modo de avance en grapa (aquí, su reseña) nos hablaba ya de un tema interesante con un protagonista atractivo. El desarrollo no sólo potencia la idea inicial sino que nos lleva por los terrenos esperados de una manera inteligente. Primero, porque convierte esta en una historia de tres protagonistas sin que por ello se resienta el carisma de su protagonista. Pero segundo, y seguramente más importante para valorar la propuesta de Coraje, porque sin la influencia que estos dos juegan sobre el primero no se podría entender ni lo que sucede en términos generales ni el complementario enfoque de chico bueno/chico malo que tanta fuerza cobra. Tanta, de hecho, que el héroe deja de parecerlo y la historia gana así en drama, hasta el punto de que, lo tenga o no, resulta difícil imaginar un final feliz para el segundo volumen. Martín Rodríguez conjuga la idea de un escenario local canario, algo que se ve en escenarios pero sobre todo en los nombres, con la presencia de tres personalidades muy intensas y muy marcadas. Es verdad que parten de estereotipos muy marcados, en especial el segundo de los actores en entrar en escena, el chico soberbio que da título al tercer capítulo, pero hasta eso se pone al servicio de la historia con bastante inteligencia.
El hecho de apostar por una estética abiertamente manga pero llegar a la página impresa en un formato más grande de lo acostumbrado hace que el dibujo destaque de una manera interesante. Hay dos objetivos fundamentales en la presentación visual de Coraje. El primero es el mencionado carisma. Si los personajes no cumplen desde el principio con la impronta que tienen que tener, la obra no funciona, y el caso es que destaca por esa vía. El segundo, el más importante, es que seamos capaces de entrar en la cabeza de Jonay, entender sus ataques de ira y vivirlos en primera persona. Y siendo más importante, está incluso más conseguido. Martín Rodríguez se sirve de todo tipo de artificios narrativos, visuales y tipográficos para que haya tensión en cada página que lo necesita. El ambiente boxístico queda un poco de lado por el aspecto más callejero de la lucha, y eso da pie a que nos sintamos más dentro de un drama urbano que uno de corte más deportivo. Y el blanco y negro es muy adecuado porque, precisamente, la historia juega también con esa dicotomía, en lo argumental y en lo visual. Coraje hace que pasemos un muy mal rato emocional, ya sea por identificación como por las emociones humanas más básicas, desde la lucha de la madre de Jonay hasta el puro terror que provoca la escena de los baños. Opera prima y muy grata sorpresa.
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