Guion: Akane Tamura.
Dibujo: Akane Tamura.
Páginas: 160.
Precio: 9,95 euros.
Presentación: Rústica con sobrecubierta.
Publicación: Octubre 2023.
Si lo pensamos fríamente, El amor de Mobuko tendría que ser muy complicado que triunfara por su concepto. Lo venimos diciendo desde su primer número (aquí, su reseña), tiene un ritmo tan lento y presenta a dos personajes tan particulares que no es nada fácil lograr la empatía y la fogosidad que se espera de una historia romántica, que es lo que define su esencia. Y sin embargo, siete volúmenes después seguimos muy enganchados al relato de Akane Tamura, a pesar de que sus dos protagonistas aún no se han llegado siquiera a besar y a que sus avances pueden parecer desesperadamente lentosw. Paradójico, sin duda, pero a la vez intrigante, y eso es lo más atractivo cuando parece que por fin vamos a llegar a ese punto culminante, el del beso. Estos capítulos van sobre esas dudas, sobre dónde, cómo y cuándo tiene que llegar ese primer beso, sobre lo que va a significar, sobre si tiene que llegar por los celos que despiertan otras personas que hay en la vida de ambos. Y con el mismo ritmo, lento, muy lento, en el que los personajes meditan más que actúan. Es extraño, desde luego, pero convence en este estadio como lo ha hecho en los anteriores y mantiene un interés muy intenso en la historia de amor de dos personajes extremadamente introvertidos que Tamura ha conseguido que nos caigan bien desde el principio.
Volumen tras volumen, El amor de Mobuko plantea el mismo dilema al lector: ¿será aquí cuando cambie por fin el ritmo y esta singular relación de pareja asuma un paso decisivo que lo cambie todo para siempre? Y volumen tras volumen seguimos viendo una coherencia narrativa inapelable en lo que hace Tamura, independientemente de lo que acabe ofreciendo en cuanto a hechos, sin apresurar nada y entendiendo a la perfección el carácter de sus protagonistas. Su historia nunca ha dejado de ser consciente de lo que es y todavía a estas alturas, unos cuantos cientos de páginas después, sigue llevando su idea a rajatabla y sin miedo. Esa valentía camina paralela a la sinceridad que desprende el relato, que desde el principio ha sido un retrato de dos personas introvertidas y particulares, pero también un interesante compendio de inseguridades personales con la base del clásico chico conoce a chica. Eso, en realidad, es lo único clásico que hemos encontrado siempre en la serie, eso y la sensación de que es una historia que se alarga no por interés o indefinición sino porque es exactamente lo que necesita ser. Por eso, cada paso es una celebración en la lectura y el de este séptimo volumen es seguramente uno de los más notables por los temas que trata y por la forma en la que llega a su conclusión.
No es ningún secreto a estas alturas que el secreto de El amor de Mobuko, al menos uno de ellos, es el cariño que se le coge a los personajes, independientemente de lo extrapolables que sean sus experiencias y caracteres a los de los lectores que se asomen a este mundo. Y en eso juega un papel fundamental el dibujo y lo bien que sabe llevar Tamura a la página el trasfondo emocional del relato, por complicado que pueda parecer eso con el ritmo escogido para que se desarrollen los acontecimientos. Pero es que cada rubor en la cara, se ve y se siente. Cada duda que tiene cualquiera de los dos protagonistas, se intuye por la mirada. Y eso, aunque parezca algo sencillo de conseguir o algo relativamente fácil de llevar a la página, no sólo no lo es sino que estamos hablando de uno de los motores fundamentales de la historia, de esta historia en concreto, dándole así una personalidad bastante único. Lo que no tiene en ritmo alto, porque no lo quiere, lo recupera y lo suma por esta vía tan sencilla, una que nos recuerda que estamos ante un relato romántico que necesita su tiempo. El entorno está también muy dibujado, dando a los secundarios el espacio que necesitan, ni más ni menos, para construir historia y ambientación, y sobre todo para dar sentido a esa expresividad emocional gráfica de la que estábamos hablando.
Coamix comenzó a publicar originalmente Mobuko no koi en 2017.