Guion: Lucas Ferreyra.
Dibujo: Lucas Ferreyra.
Páginas: 120.
Precio: 24 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Octubre 2023.
Cuando nos llega una primera obra de un autor cualquiera, lo mejor que podemos hacer es recibirla con la mente abierta y liberarnos de cualquier prejuicio. Si además tiene un título tan peculiar como la de Lucas Ferreyra, más todavía. Es evidente que un cómic titulado Piqo-Piqo y el espantoso calamar gigante de Indochina puede ser cualquier cosa menos convencional. Y una vez que nos adentramos en su atrevida propuesta, no podemos hacer menos que dar la razón a nuestros instintos. Estamos ante un tebeo singular. De propuesta atrevida desde el mismo momento en el que parece complicado trazar un resumen de la misma, pero también de un aspecto visual fascinante precisamente por lo valiente que es a la hora de dibujar la idea. Podríamos buscar referentes, que seguro que Ferreyra los tiene y alguno se puede ver con más o menos claridad, pero al final no merece la pena por la personalidad que demuestra el resultado final. Y aunque a priori podría calificarse este como un cómic destinado a lectores jóvenes, lo cierto es que uno de sus méritos está en lo complicado que es encasillarlo. Por forma y por fondo, porque temas hay, algunos de corte bastante adulto, y su dibujo, aunque puede parecer uno que se adapte con facilidad al álbum ilustrado que puede caer fácilmente en manos de los más pequeños, también sabe ser detallista y complejo.
Lo que sí parece claro desde el principio es que Piqo-Piqo y el espantoso calamar gigante de Indochina es un terremoto de imaginación, que tiene mucha fantasía que ofrecer y que maneja una serie de personajes estrafalarios para dar forma a un viaje múltiple en un mundo que es el nuestro aunque se esfuerce en parecer que no lo es en todas sus facetas salvo en el mapa. Y quizá ahí esté la gracia, que Ferreyra cae a un terreno casi más propio de la fábula moderna, pero sin abandonar una ingenuidad que se convierte en una de las grandes características de su historia y, por tanto, de sus personajes. Hemos dicho que los referentes no merecen la pena, pero es complicado resistirse a pensar en que esta es la versión de Alicia en el País de las Maravillas que Ferreyra podría imaginar con un toque de la locura visual de Terry Gilliam. Y si eso no basta para hacernos una idea de la historia que estamos viendo, lo mejor es dejarse llevar, porque el libro nos propone un viaje fascinante, aventurero y divertido, con mucho movimiento y personajes a los que podemos entender desde el mismo momento en el que asimilamos su forma de pensar. La mezcla, desde luego, es potente, más incluso de lo que se podría pensar en el inicio de la historia, que con su salto de la calma a la acción acaba siendo una definición perfecta de lo que nos espera.
En lo visual pasa un poco lo mismo. El plano fijo es extraño, pero el conjunto fascina mucho más. El diseño de los personajes es raro, pero cuando entendemos qué papel juega cada uno de ellos en el relato es mucho más fácil relacionarse con todos ellos. Y como no es una historia que necesite realidad para parecer cercana, todo es posible en los lápices de Ferreyra. Y todo quiere decir justo eso, todo, porque hay muchas sorpresas en el desarrollo del libro, más aún cuando llegamos a los momentos más climáticos de la obra. Hay que ser hábil para dar una paleta de color tan ocre, tan oscura a veces, a un tebeo que pretende ser infantil, pero Ferreyra acierta bastante en este sentido, y sus marrones, sus verdes, sus amarillos apagados ayudan a dar forma a un universo muy carismático, que bien podría expandirse desde aquí precisamente por lo adecuadamente que funcionan sus virtudes. Piqo-Piqo y el espantoso calamar gigante de Indochina se erige como un retrato que, más que ser infantil, habla de las sensaciones más propias de la infancia, con su ingenuidad, con su positivismo, con sus ganas de explorar y conocer. Y quizá por eso es un libro con el que merece la pena experimentar durante la lectura, leyéndolo de una manera quizás no tan convencional como con otros títulos. Porque especial es un rato.
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