Guion: Fran Nuño.
Dibujo: Enrique Quevedo.
Páginas: 104.
Precio: 18,95 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Octubre 2023.
En un momento en el que priman los grandes éxitos y las franquicias que arrasan desde que leemos su título, a veces sin que importe demasiado el contenido, es una deliciosa rareza que haya autores que apuesten por los pioneros del cine, por historias que no son de las más comunes. Puede que todo el mundo recuerde el icónico plano de Viaje a la Luna, de Georges Méliès, que sirve de inspiración al tebeo de Fran Nuño y Enrique Quevedo, pero seguramente pocos habrán visto el filme original. Más, seguro, habrán leído las novelas que dieron pie a la película, la homónima de Julio Verne y Los primeros hombres en la Luna, de H. G. Wells. Y en la mezcla de tantos nombres ilustres de la ciencia cierta ficción popular, el cómic que tenemos entre las manos es un tributo hermoso, que sabe entender la ingenuidad casi acientífica de aquellas historias, con un colorido intenso y moderno, convirtiendo algo añejo por definición e inspiración en algo que se puede leer con enorme gusto en nuestros tiempos. Esa es la clave, el tiempo, porque Nuño y Quevedo nos proponen un viaje temporal, un salto al pasado y la forma en la que este miraba al futuro casi más con unos ojos provistos de magia que de ciencia. Por eso funciona tan bien esta mezcla de adaptación e ideas propias que nos proponen los autores con semejante frescura.
Es casi irónico que hayamos arrancado estas líneas contraponiendo Viaje a la Luna con los modernos blockbusters si tenemos en cuenta que la de Méliès fue una película muy cara en su día. Y tiene cierta gracia también que hablemos de ingenuidad cuando lo que nos contaba la película entonces era algo atrevido porque imaginaba algo que el saber de la época no podía comprobar, dando un aire de fantasía incontrolable que entonces resultaba fascinante y hoy sigue siendo hermoso. Nuño juega con esas ideas y su trabajo de adaptación, más bien de recreación, no pierde ese toque antiguo ni tampoco se queda en él. Es difícil de explicar, su base está en muchos rincones de Viaje a la Luna, en la misma descripción de los científicos, en su forma de hablar, pero también en los cartuchos de texto que funcionan con sencillez. La de Nuño es una narrativa fluida, que deja enorme libertad al dibujo pero no renuncia a contar la historia con palabras. Y es una que atrae porque juega entre géneros, como lo hacía la película original, moviéndose del pulp a la ciencia ficción y desde ahí a la aventura más clásica. Uno podría pensar que este tipo de relatos no tienen ya cabida en un mundo tan frenético como el actual, pero da gusto comprobar que no es así, que esta ingenuidad consentida e incluso impulsada sigue teniendo la fuerza necesaria para convencer a públicos diversos.
El dibujo de Quevedo, inspirador del proyecto, sabe moverse en los límites de la propuesta. Coge las icónicas imágenes de Méliès, sí, pero les da una forma distinta, quizá también por su apuesta en el color, con una paleta viva, iluminada con mucha intensidad, como si quisiera capturar la esencia cromática de la película de Méliès y llevarla al futuro que de verdad quiere representar la historia. Sus sabios vestidos de hechiceros, sus selenitas caracterizados como indígenas tribales, todo está pensado para que el aire retro nos invada pero pensando que es algo actual y moderno. Se puede incluso entender la manera en la que establece el tempo narrativo, con mucha pausa, como una manera más de llevarnos hasta los tiempos en los que el cine disfrutaba de sus pioneros más arriesgados, y no hay duda de que Méliès fue uno de ellos. Viaje a la Luna tiene por tanto ese toque atemporal que hoy en día se valora tanto, y con razón, porque funciona en el homenaje que pretende ser a la imaginación que tenían los maestros literarios y cinematográficos que inspiran este relato, pero también como una historia fresca, moderna y entretenida que nos lleva a ese satélite que todavía hoy, muchos años después de haber sido efectivamente alcanzado por el hombre, sigue fascinándonos a todos desde la Tierra.
El contenido extra lo forman una introducción de Fran Nuño, un portafolio de bocetos de Enrique Quevedo, una página del guion y curiosidades sobre Viaje a la Luna.
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