Título original: Hi no tori: Eden no sora.
Director: Shôjirô Nishimi.
Reparto: Rie Miyazawa, Yosuke Kubozuka, Honoka Yoshida, Issei Ogata, Ryohei Kimura, Shintaro Asanuma.
Guion: Katsunari Mano.
Música: Takatsugu Muramatsu.
Plataforma: Disney.
Episodios: 4.
Duración: 30 minutos.
Estreno: 13 de septiembre de 2023 (Japón / España).
Siempre que se interpone en nuestro camino el nombre de Osamu Tezuka, insistimos en la alargada sombra que proyecta sobre todo lo que toca su obra. Lo hacía en su momento, lo hace ahora, y si resulta inevitable en la lectura de sus mangas por medio de sus necesarias reediciones, mucho más cuando alguien trata de adaptar uno de sus trabajos. Phoenix: Eden 17 coge uno de los arcos argumentales de Phoenix y nos ofrece una historia de ciencia ficción melancólica, que habla de sueños y anhelos muy humanos y que hace de las elipsis su mejor arma para generar esas sensaciones emocionales tan distintivas que necesita. El juicio final a esta miniserie de cuatro episodios, que casi merece la pena verse como una película que no llega a las dos horas de duración, es muy positivo. Cierto es que ni sus temas ni su enfoque, como tampoco su ritmo narrativo, hacen de esta la adaptación más accesible de Tezuka, pero sería un error darle una etiqueta de elitista porque no lo es. Simplemente, pide algo más de atención emocional porque la recompensa que ofrece es más elevada, con una poética metáfora final que engrandece un viaje sobresaliente que, además, invita a pensar en una forma distinta de adaptar cómic o manga que no suele hacerse, la de coger fragmentos y darles categoría de obra mayor.
De partida, seguimos los pasos de una pareja joven que escapa de la Tierra e inicia una ardua labor para hacer habitable una lejana colonia. Y aunque sea goloso seguir contando la historia, porque analizar cada uno de los saltos que da es probablemente lo más atractivo, lo mejor es sentarse delante de la televisión con la mente limpia y dejarse llevar por este viaje. Phoenix: Eden 17 no se queda en la premisa y tampoco es una historia cuyo éxito esté anclado en la conclusión, aunque esta también resulta adecuada y poética. Pero es el viaje lo que merece la pena, como sucede con los mismos protagonistas. Se trata de ir viendo los distintos escenarios en los que tiene lugar, las emociones que despierta, el singular análisis de la humanidad de sus protagonistas. Y, a un nivel más formal, es importante disfrutar de los saltos en el tiempo. Es verdad que eso mismo provoca alguna flaqueza involuntaria, la que procede de la falta de tiempo para desarrollar todas las subtramas. Hay alguna que, de hecho, se solventa de una manera un tanto ingenua o sencilla, pero en el conjunto todo encaja muy bien porque los personajes están bien escritos pero a lo limitado de su exposición y destaca en especial uno, femenino, que puede arrogarse la función principal sin problema y a la que se sigue con enorme gusto.
La animación es otra razón para disfrutar de Phoenix: Eden 17 porque su mezcla de animación tradicional, claramente predominante, y elementos de CGI es bastante fluida. Eso, además, permite que nos adentramos de una manera muy natural en escenarios de ciencia ficción que de otra manera es más complicado describir. Eso sí, no podemos tampoco negar que a estas alturas, cuando la innovación visual es casi la exclusiva razón de ser de muchas películas o series, se agradece que lo que mejor funcione sea lo más tradicional. El respeto a las ideas y a las formas de Tezuka es notable, y eso hace que, incluso sabiendo que esa alargada sombra existe, la del Dios del manga, es posible asistir a este espectáculo visual y emocional sin más condicionantes que los que quiera aportar cada espectador. Eso es también lo que hará valorar si el ritmo pausado que propone es más o menos acertado para cada uno, pero lo que no se puede negar en cualquier caso es que la ciencia ficción de Tezuka encaja muy bien en nuestro momento histórico, uno en el que la aventura cede espacio a propuestas más reflexivas. La de Phoenix: Eden 17 lo es, pero eso no hace que haya menos belleza en su envoltorio formal. Muy recomendable, siempre con mente abierta y con ganas de explorar el universo de una manera distinta.
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