Editorial: Harper Collins Ibérica / Harper Kids.
Guion: Emmanuel Guibert.
Dibujo: Marc Boutavant.
Páginas: 128.
Precio: 12,90 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Septiembre 2023.
Con Pistón, el perro profesor son ya siete los volúmenes de Ariol que hemos podido ver en España, y la serie de Emmanuel Guibert y Marc Boutavant es de las que permite a los padres estar tranquilos con las lecturas de sus hijos. Lo que dijimos de los primeros volúmenes (aquí, su reseña), del cuarto (aquí, su reseña) o del sexto (aquí, su reseña), de todos en realidad, también se podría decir perfectamente de este séptimo, porque la serie mantiene todas sus muy positivas constantes, y sigue colocando al lector en un escenario de confort maravilloso. Se trata de ver la vida a través de los ojos de un niño de nueve años, y por mucho que los protagonistas sean animales antropomórficos, el enfoque es de lo más humano. Y esa es la gracia de Ariol, que en pequeñas píldoras, en historias cortas que nacen de lo más cotidiano y que por esa vía, con una inocencia infantil espléndida como guía de todo, van creando, ahora ya aumentando, todo un universo. Nos movemos desde la casa del pequeño Ariol hasta su colegio, pasando por la calle y otros escenarios. Guibert y Boutavant hablan de todo, y lo hacen además con una cualidad indispensable en el cómic infantil y juvenil: la sinceridad. Todos los personajes hablan como podrían hacerlo, y de esa manera es increíblemente sencillo entre en el juego que propone Ariol en cada una de sus historias.
Pongamos como ejemplo El salto con espárrago, la tercera de las doce historias que aparecen en este volumen. Trata únicamente de las fórmulas distintas que emplea el padre y la madre de Ariol para que se coma los espárragos, que no le gustan nada al muchacho. Y eso da para un divertido juego de diez páginas que podría reproducirse en cualquier hogar del mundo. Esa es la esencia de Ariol, la que hace que en todas las historias se encuentren moralejas simpáticas, ya sea la de que devolver los 50 euros que los chicos se encuentran en una cartera es lo correcto o lo divertido que es colaborar en la obra escolar con la que se pone fin al curso antes de las vacaciones de verano. Guibert, además, parece un pozo sin fondo, porque su imaginación no cesa. Encontrará sus relatos en sus experiencias personales, en las de los niños que haya a su alrededor, o directamente se las inventará, pero en cualquiera de los dos casos el trabajo es espléndido. Ariol convence porque es real. No realista, ojo, y eso que hablamos de historias con animales, sino real. Y otro de los méritos del escritor es que sabe introducir elementos que tienen que ver con la naturaleza zoológica de sus personajes para que nos parezcan normales dentro de esa cotidianidad. Todo es tan fluido que casi parece que Guibert lo consigue sin esfuerzo, con lo difícil que es hacer un cómic para niños.
El estilo de Boutavant no cambia con respecto a lo que ya hemos visto en las anteriores entregas, pero lo que Guibert lo ofrece, siempre historias cambiantes en escenarios distintos, le permite moverse con libertad y evitar el mayor enemigo de un tebeo como este: la repetición. Y hasta sabe reírse Boutavant de la sencillez de su estilo en una historia en la que el profesor que da título a este volumen dibuja a algunos de los personajes principales usando sólo la forma de algunos números. Es tan divertido el guiño que sirve para que le demos más valor del que probablemente le darán algunos en un primer vistazo. Ya lo hemos dicho en anteriores volúmenes, el carisma que tienen los personajes es sobresaliente, y Boutavant sabe sacar todo el partido posible a la naturaleza animal de los protagonistas. Ariol engancha, es fascinante la manera en la que lo hace, mantiene la estructura de siempre, sigue apostando por la normalidad como la mejor base para todo tipo de relatos, y mantiene esa cualidad de inagotable que nos ha conducido hasta este séptimo libro. Lo único que podemos achacar a los autores es que la antología no existe como tal, no hay conexión argumental entre las historias que forman el libro, pero es que son todas tan divertidas que tampoco hace falta. Por todas estas virtudes, no dejaremos de insistir en que Ariol es un acierto seguro.
Bayard publicó originalmente el séptimo libro de Ariol, Le Maître chien, en enero de 2012.