Guion: Martí.
Dibujo: Martí.
Páginas: 196.
Precio: 22,50 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Junio 2023.
A Taxista le podríamos dedicar muchos epítetos, y lo gracioso del caso que nos ocupa, la edición definitiva de la obra de Martí, es que casi todos tendrían una razón de ser. Lo que está claro es su resistencia al paso del tiempo, porque a día de hoy, y aunque a su autor le pueda faltar reconocimiento en el mundillo, lo que nos cuenta sigue plenamente vigente en todo. En su forma de entender el thriller patrio, porque este es un tebeo eminentemente español en muchos sentidos; en su pesimismo vital y social, porque nos muestra lo peor de su tiempo… y del nuestro; en sus homenajes, buscados o no, porque lógicamente la historia de un taxista buscando venganza nos puede recordar a Taxi Driver, la película de Martin Scorsese, y el estilo de dibujo nos puede hacer pensar con facilidad en el Dick Tracy de Chester Gould. Y así podríamos seguir hasta el infinito. Pero quizá lo mejor que se puede hacer con Taxista es dejarse llevar, permitir a Martí que, tantos años después, nos sorprenda con historias y momentos que están cargados de tanto humor negro como rareza intrínseca, configurando un personaje que no es un héroe pero que puede jugar en esa liga desde el momento en el que el arranque del relato le pone en esa posición tan insospechada como poco buscada por su parte. Cuarenta años no son nada, no.
Tiene lógica si recordamos que Taxista vio la luz en el marco de El Víbora, una de esas revistas que reinaba en el mercado del cómic español hace ya algunas décadas, pero destaca que en sus páginas todo parezca bastante cínico. Uno no entra en Taxista por empatía o por simpatía, sino porque el universo que desarrolla Martí es muy sugerente. De alguna manera extraña, cercano, por turbio que pueda ser y por mucho que se adentre en una ciudad llena de peligros y de personajes extraños de nombres peculiares. Taxista es, en ese sentido, un ejercicio de imaginación delirante, algo que probablemente no tendría encaje en un mundo editorial presente, en el que tanto cuidado se pone en algunas ocasiones en no ofender a nadie. Ese miedo no lo vemos en estas páginas, y por eso los personajes se mueven con tanta libertad y por eso, por ejemplo, el protagonista al que seguimos arranca la historia queriendo sonsacarle a su madre antes de que se muera dónde está la herencia no declarada de su padre. Si ese es el comienzo, junto con un atraco, podemos imaginar que Taxista está lleno de sorpresas, de situaciones que rozan lo disparatado, y por eso es fácil llegar a pensar que este es un cómic que merece ese calificativo de obra de culto que a veces con tanta facilidad se otorga. Pero es que Taxista tiene todos los elementos para serlo.
Martí dibuja con una fuerza tremenda en blanco y negro. Incluso los negros, esas salidas que muchas veces pueden interpretarse como descansos del ilustrador, tiene sentido en este noir español que plantea, porque ayudan a que nos veamos envueltos por el misterio y por la atmósfera urbana que necesita para que Taxista sea todo lo eficaz que quiere ser. Su estilo no llega a la caricatura, pero no duda en usar rasgos muy definidos para que el carisma de los personajes sea evidente. Y todo lo que saca de una estructura de tira casi inmutable a lo largo de las cerca de doscientas páginas del libro es sobresaliente, haciendo el tamaño reducido una virtud que hace que la lectura sea de una intensidad y de una rapidez notables, a pesar de que Martí es un autor que pone mucho texto en casi todas sus viñetas. Taxista sigue vigente, y eso es lo mejor que se puede decir de una obra que vio la luz a comienzos de los años 80, porque justifica plenamente que haya una edición como esta a pesar de que su demanda social no sea la que tienen otros autores de la época. Martí merece que nos acerquemos a su obra y Taxista es, posiblemente, el mejor retrato editorial que vamos a encontrar. Y página a página, podemos ir viendo que incluso es este trabajo el que va influyendo en otros que hayamos leído después.
Taxista se publicó originalmente en la revista El Víbora entre febrero de 1982 y octubre de 1987. El contenido extra lo forman una introducción de Rubén Lardín y una galería de portadas e ilustraciones de Martí.
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