Guion: Tanishi Kawano.
Dibujo: Tanishi Kawano.
Páginas: 160.
Precio: 8 euros.
Presentación: Rústica con sobrecubierta.
Publicación: Junio 2023.
Lo miremos como lo miremos, un manga como El bombero de los dedos de fuego está pensado casi exclusivamente para excitar. Y eso, da igual el punto de vista, es algo atractivo. Podemos entrar en todos los debates que queremos, y algunos parecen más que justificados, pero la serie de Tanishi Kawano es de las que calientan a simple vista. La razón es sencilla, su apuesta por el sexo explícito que busca, por encima de todo, explotar el placer. Y sí, es una situación de dominio absoluto del hombre, pero lo es de una forma distinta. La mujer no es un objeto, sino un sujeto de placer. Placer culpable, porque de hecho lo que explora la serie es precisamente todo lo que le parece vergonzoso a una muchacha de enorme timidez y cierta ingenuidad sexual que está descubriendo un mundo de deseo incontenible que se esfuerza en encajar en su concepto de amor romántico. Por esa vía, es interesante ver que El bombero de los dedos de fuego es algo más que un contenido erótico en sí mismo. Puede resultar sencillo, pero su abanico de emociones está ahí por si a alguien le interesa valorarlo al mismo tiempo que se excita con su propuesta sexual, juguetona no sólo en cuanto a posturas sino también en lo que se refieres a lugares, convirtiéndonos Kawano en auténticos voyeurs destinado a mirar las situaciones con los mismos ojos traviesos de su protagonista.
Si pensáramos que El bombero de los dedos de fuego tiene propósitos muy profundos nos estaríamos engañando, eso parece obvio, pero se agradece que las excusas para mostrarnos cuerpos desnudos y en movimiento tengan una lógica, una coherencia dentro del desarrollo de la relación entre Ryo y Soma. En este tercer volumen, ya son pareja oficial, no sólo dos personas disfrutando de su sexualidad, y eso añade algo de picante. No se trata sólo de acostarse, sino de hacer que antes y después de esos momentos de intimidad primaria haya algo que ver. Y en ese sentido, lo cierto es que la historia cumple. También sería engañarse decir que si en esos momentos puede haber una cierta mirada femenina, al menos según los cánones clásicos, porque ahí es ella quien manda, en las escenas de sexo sucede, literalmente, todo lo contrario. Lo curioso es que se abordan de tal manera que siempre da la sensación de que ella puede dar un paso adelante, pero, al final, se trata de admirar su propia satisfacción. Poco a poco se deslizan elementos que tienen que contar, el enamoramiento de él, cómo afecta su profesión de bombero a la relación, el cumpleaños de ella, incluso la introducción de otro elemento masculino que propone mover un poco el árbol, pero sí, El bombero de los dedos de fuego es excitación sexual por encima de todo.
Obviamente, con esas pretensiones, ya lo dijimos al hablar de los dos primeros volúmenes de la serie (aquí, su reseña), es primordial lo que vemos, lo que dibuja Kawano, una belleza instantánea de dos cuerpos en su apogeo, pero también la imaginación de hacer que cada postura, cada curva del cuerpo, tenga un sentido. Y sí, Kawano dibuja sexo con una naturalidad tremenda. En los rostros está la evidencia de quién domina la secuencia, pero en el movimiento corporal está esa excitación sensorial de la que hablamos, que resulta tan inevitable como fresca en su forma de llegar a la viñeta. Es divertido ver cómo las superficies físicas no son un impedimento para que veamos a través de ellas, para que sintamos el sexo a través de las paredes de una bañera y sin que la ropa sea un impedimento. Y si lo es se debe a que Kawano entiende el cuerpo de una manera muy atractiva, tanto el masculino como el femenino, y no tiene miedo alguno en mostrarnos que el placer compartido a uno y otro lado de la página es un objetivo irrenunciable. Cierto que tiene carisma en los rostros para hacer que la historia avance más allá del sexo, pero es el sexo lo que da el picante necesario a El bombero de los dedos de fuego para que el disfrute hasta aquí sea irreprochable en sus objetivos y para que haya curiosidad por ver lo que está por venir.
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