Guion: El Torres.
Dibujo: Abel García, Kráneo.
Páginas: 112.
Precio: 20 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Agosto 2023.
El éxito de un tebeo, o mejor dicho su repercusión, a veces depende del momento en el que se lanza. Viene esto por Tambores, un más que apreciable tebeo de El Torres, y nos quedamos cortos, que tuvo la mala suerte de llegar después de las dos historias que establecieron al autor como uno de los escritores de terror más destacables del panorama nacional, El velo (aquí, su reseña) y El bosque de los suicidas (aquí, su reseña). Con semejante listón, la percepción que se puede tener de una nueva historia de género puede verse alterada. Esto es así, es un fenómeno bastante inevitable, pero el paso del tiempo aclara mucho. Y ahora, más de una década después de la publicación original, Tambores resurge con fuerza para dejarnos claro que este tebeo es tan potente como los anteriores. Para gustos los colores, por supuesto, y cada lector tendrá su favorita, pero lo que sí está claro es que en su momento esta historia ya demostró la enorme versatilidad de El Torres en el género. La historia, además, salió adelante a pesar del cambio de dibujante, con Kráneo haciendo el primer número y Abel García ocupándose del resto, y los dos responden de manera, entendiendo claramente el mundo de vudú y zombis que describe El Torres con una viveza aterradora, desde lo más pequeño de este universo hasta lo más grande, que es lo que se ve al final.
Podemos decirlo de una manera o de otra, pero lo cierto es que encontrar fisuras en Tambores es harto complicado. Como decíamos al hablar del momento en el que una historia llega, puede convencer más o menos el escogido en la trayectoria de un autor, igual que el terror japonés pueda resultar más atractivo a un lector que el vudú, pero lo que es innegable es que en esta obra se da una explicación sensacional de este espectro del género. Puede parecer algo forzada la forma en la que llega, con una agente que aclara dudas a todos los presentes, personajes y lectores a la vez, pero eso queda como una pequeña concesión en un tebeo que, como los grandes del género, vive de sensaciones. Para eso, el arranque de la historia es soberbio, parece imposible que no recorra un escalofrío la espalda del lector mientras los cánticos desenfrenados ganan en intensidad. O que no haya un sobresalto claro en el primer susto que planea El Torres, por mucho que no tenga a mano los recursos del cine y la televisión para que demos un bote en la silla. Y ojo al final, a la forma en la que el escritor juega con los actores para que cada uno de ellos ocupe el lugar preciso, para que la trama explote de una manera muy lograda, o para que nos sintamos como parte de algo más grande en una trama que no deja de estar muy localizada. Lo decíamos, un trabajo sólido e irreprochable.
No era extraño en los tebeos de aquel El Torres que estaba a punto de consolidarse a lo grande que viéramos alguna historia con sus dibujantes, como atestigua, por ejemplo, Nancy in Hell (aquí, su reseña). Aquí también, Kráneo es quien se ocupa de arrancar la historia y García no sólo la remata sino que hace un porcentaje mucho más amplio. Afortunadamente, hay cierta naturalidad en la transición. No mimetismo, ojo, porque eso no habría hecho ningún bien, pero sí la idea de que los dos dibujantes han entendido lo fundamental, el vudú que tenemos que sentir, y eso es lo que hace que podamos dejarnos llevar por el terror sin necesidad de plantearnos alguna ruptura estilística. De hecho, la impresión que deja Kráneo en sus páginas es tan profunda, tan aterradora, tan climática, que parece mentira que un sustituto pueda llegar a puerto de manera exitosa. García lo hace porque no rompe con lo anterior, porque aprovecha lo que le lanza El Torres para entender el terror de distintas maneras y porque mantiene el carisma que tienen los personajes. Sin tacha también en el aspecto gráfico, Tambores se convierte así en un tebeo a reivindicar. Lejos de pretender que hagamos un ránking de cómics de terror de El Torres, aunque su producción se preste a ello, lo que toca es congratularse de que sus obras sigan vivas y reimpresas. Eso dice mucho.
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