Guion: Akane Tamura.
Dibujo: Akane Tamura.
Páginas: 160.
Precio: 9,95 euros.
Presentación: Rústica con sobrecubierta.
Publicación: Junio 2023.
Si al comienzo de El amor de Mobuko (aquí, reseña de su primer volumen) nos hubieran dicho que estaríamos leyendo una historia de amor durante cerca de 800 páginas con una pareja que no llega a darse todavía un beso, seguramente no encararíamos un sexto volumen con la disposición convencida que necesita un relato de esa naturaleza. Pero si hemos leído la serie, por paradójico que pueda parecer, sabemos que ese es uno de los alicientes, una característica necesaria para entender a dos personajes singulares, tímidos, enamorados desde luego pero con unas dudas terribles para dar cualquier pequeño paso que otras parejas darían casi sin pensar. Y eso que Akane Tamura nos cuenta con el ritmo adecuado, no hace falta decir que lento y pausado, sigue teniendo interés saliendo de este sexto volumen. Si hemos llegado hasta aquí, no será del todo necesario recordar que todo lo que pasa en la serie es reflexivo y calmado, que hay mucha intención en muchos momentos pero poca acción en realidad, y que la forma en la que seguimos descubriendo a los personajes es esta. Y funciona. Obviamente, si buscamos un ritmo alto, un amor fogoso y un romanticismo desbordante, puede que no estemos en la historia correcta, pero se agradece mucho la frescura de ver algo distinto en un género que demasiadas veces ofrece exactamente lo mismo con algún detalle distintivo.
Con el ritmo tan particular que propone Tamura, lo cierto es que sabe manejarse bastante bien para que lleguemos al final de cada volumen con la sensación de seguir enganchados a la historia de esta pareja tan peculiar. Eso es un mérito ya adquirido hace tiempo, porque la simpatía de los protagonistas es clave para llegar hasta aquí. No es fácil sentirse identificado con el conjunto, sí con muchas de sus partes, y por eso hay que alabar la narrativa de Tamura por lo que consigue, mucho más de lo que puede parecer en una primera lectura. El cambio de punto de vista juega un papel determinante, porque nos permite entender a los dos, a Mobuko y a Irie, y la manera en la que los dos van abriéndose lentamente es, al final, preciosa. Insistimos en el ritmo, pero a la vez es importante dejar claro que Tamura no ralentiza nada ni deja temas abiertos e inconclusos. Por eso la narración avanza con elegancia, en sus palabras y en sus silencios, aunque no sea a la velocidad que pudiera tener esta misma historia en manos de otros autores. Que con esta manera de contar el relato siga pareciendo una apuesta emocional y sensible es algo que tiene mucho mérito, sobre todo porque llevamos ya mucho tiempo con estos personajes y porque el cambio radical de escenario lo vimos allá por el cuarto volumen (aquí, su reseña).
Retomemos uno de los argumentos ya planteados, el de la simpatía. Tamura dibuja así a sus personajes, pero a la vez sabe expresar cierta frialdad, la socialmente sobrevenida para dos jóvenes que, consciente o inconscientemente, ocultan sus sentimientos. No es fácil dibujar esto, porque visualmente se transmite mucho, incluso aunque en la realidad interna de estos personajes el objetivo sea justamente el opuesto, el de no dejar ver esas emociones. Tamura gestiona muy bien esas ideas en sus dibujos y mantiene la cercanía necesaria en una historia romántica, equilibrando todos los elementos que pone en cada página con el ritmo por el que apuesta. No es nada sencilla la propuesta y aquí seguimos, un volumen más, un centenar y medio de páginas más… y muy pocos eventos definitivos en la relación sentimental que estamos viendo crecer. Contra todo pronóstico, El amor de Mobuko sigue siendo una muy acertada serie que se disfruta por encima de las expectativas y que sigue teniendo muchas, muchas puertas abiertas para que en el siguiente volumen podamos pensar exactamente lo mismo que de toda la serie hasta ahora, que es una bonita manera de descubrir a unos personajes, casi podríamos decir personas, que tienen un ritmo emocional tan distinto al de los demás que encaja muy bien para ellos.
Coamix comenzó a publicar originalmente Mobuko no koi en 2017.