Guion: Tom Seeley.
Dibujo: Fran Galán.
Páginas: 104.
Precio: 22 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Marzo 2023.
Si nos acordamos del reciente Lucky Devil (aquí, su reseña), ver ahora El Roadie es casi una invitación a pensar que Fran Galán se va a dedicar a pasear su talento por historias de terror bastante locas a cargo de los autores más notables del género en estos momentos y en Estados Unidos. Si en aquella trabajaba como Cullen Bunn, aquí lo hace con Tim Seeley. Pero claro, es que a Galán ya le hemos visto en los Cuentos del bosque de los suicidas (aquí, su reseña), la expansión que hizo de su propio universo El Torres, quien para más señas ejerce de rotulista en El Roadie, así que no debería sorprendernos su dominio del género. Y aunque lo haga, ¿cómo no vamos a decir lo mismo, que disfrutamos con su dibujo, muy completo a todos los niveles, tanto cuando la historia de Seeley parece que va a conducirnos a un escenario abiertamente musical, el de sexo, drogas y Rock & Roll, como cuando la fantasía oscura más loca se hace cargo de la historia de una manera tan notable? No tiene seguramente más trascendencia que esta, la de buscar un buen rato, uno buenísimo, con una historia que sabe ser macarra y divertida, que muestra sin miedo escenarios ambiciosos y temas más o menos trascendentes (no deja de ser esta una historia de un padre conociendo a su hija) y que tiene un ritmo envidiable.
Con El Roadie, Seeley busca y encuentra dos niveles muy distintos. El primero, el más obvio, es el que tarda más en aparecer, y es el de terror. Es ese terror macarra y gamberro que a la vez sabe tomarse en serio y reírse de sí mismo, ese que no tiene una trascendencia capital pero que podría tenerla en caso de ser necesario. Y luego está el más emocional, el que atañe a ese padre y a esa hija tan dispares, a la redención que hay en su viaje, pero tambien a ese amor por la música… y al gigantesco choque generacional que provoca la evolución de los géneros que marcan socialmente en cada época. El hecho de hablar de demonios implica rock, es así en el imaginario popular, pero Seeley tiene guardadas algunas sorpresas al respecto para que todo sea frenético y divertido, para que no hagan falta más que cuatro números americanos para desarrollar una historia bastante completa y a la que se le pueden hacer muy pocos reproches. Sí es cierto que hay algunos tópicos, y que eso desemboca en una resolución rápida, pero al final eso también ayuda a tener claro el tipo de producto que tenemos entre manos, uno que quiere ser juguetón y autoconclusivo pero que a la vez deje esas rendijas por las que cualquier tiene barra libre para imaginar cómo podría continuar la historia en un contexto inmediato o en uno que mire mucho más hacia el futuro.
Aquí y ahora, en todo caso, el divertimento que plantean Seeley y Galán es notable. El guion puede ser más o menos intrascendente dentro de esa escala de la que hablamos, una de esas historias que funciona en el consumo rápido y que seguramente lo seguirán haciendo dentro de mucho tiempo, cada vez que saquemos el tomo de la estantería. Y si eso es así, seguramente tendremos que darle buena parte del mérito a Galán. Tiene una forma de dibujar estos mundos a medio camino entre la macarrada y la fantasía oscura con la que parece imposible no pasarlo bien. Su dominio de la caricatura para aplicarlo a un tono que tiene que encajar a la realidad es modélico y lo bien que sabe retratar a personajes más o menos marginales es muy divertido, como también lo es cuando tiene que ponerse más o menos serio y hablarnos de demonios y cuestiones que, por mucho que se humanicen, tienen que conectar con el terror más puro. Galán tiene un estilo espléndido para este tipo de historias sin que parezca además que solo sirve para ellas. Que hayan coincidido un par de obras entre las que puede haber similitudes no es más que una muestra de que su trabajo convence, pero lo que enseña tiene tantos matices que demuestran también el aplomo necesario para otro tipo de retos. Mientras llegan, no dejemos pasar la oportunidad de pasarlo en grande con El Roadie.
El volumen incluye los cuatro números de The Roadie, publicados originalmente por Dark Horse Comics entre septiembre y diciembre de 2022. El contenido extra lo forman las cubiertas de Fran Galán y un portafolio de bocetos.
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