CÓMIC PARA TODOS

‘¡Hay que arreglar lo de Dinamarca!’, de Román López-Cabrera y Marina Armengol Mas

Editorial: Cascaborra.

Guion: Román López-Cabrera.

Dibujo: Marina Armengol Mas.

Páginas: 56.

Precio: 16 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Febrero 2023.

Viendo que ¡Hay que arreglar lo de Dinamarca! arranca con una imponente estampa de Napoleón a caballo, uno podría esperar de Román López-Cabrera y Marina Armengol Mas un relato épico y espectacular. Y lo que nos brindan es un tebeo de guerra, sí… pero de la guerra más larga y rocambolesca que se haya vivido nunca. Es una guerra en la que nunca hubo disparos, combates, refriegas o muertos, es la guerra que, en nombre de España, declaró el municipio granadino de Huéscar a la nación soberana de Dinamarca, guerra de la que no constaba que se hubiera firmado armisticio alguno cuando se dio a conocer el caso. No hay nada de casual en el homenaje final que se rinde en el tebeo a La escopeta nacional, porque esta es una historia que se ajusta de maravilla a la etiqueta de berlanguiano, además con todas sus consecuencias. Todo lo que se cuenta en ¡Hay que arreglar lo de Dinamarca! se mueve en esos parámetros y lo hace de manera deliciosa y divertida, consciente de sí misma y de algo esencial: que este es un hecho tan real como la vida misma. Y lo que cuenta el cómic es, tras la acertada exposición de su contexto histórico en las primeras páginas del álbum, todo lo que sucedió, como dice el título, para arreglar lo de Dinamarca, una situación divertida y muy bien contado.

Con una historia de esta guisa es tan fácil caer en la caricatura que lo que más se puede agradecer a López-Cabrera es que haya sido capaz de derivar hacia un humor distinto de lo que suele ser habitual, inteligente y sarcástico cuando procede, pero son olvidar un contexto temporal que marca bastante, hablamos de comienzos de los años 80 cuando se produjo el desenlace de esta inofensiva guerra, pero tomándoselo todo tan en serio como procede, respetando esa misma historia que recrea y el contexto que condiciona su desarrollo. No es fácil moverse entre aguas tan contradictorias entre sí como las de pensar que esto es una divertida invención y aquellas que nos mandan directamente a la hemeroteca (o a Google, vaya, que en estos tiempos casi juega ese papel para quienes necesitan una inmediatez mayor) para recabar más detallas de tan singular relato. Y lo consigue, seguramente porque el escritor imprime una fe ciega en que esta historia se tiene que entender tal y como está contada, con el gran escenario del que nace y la divertida anécdota con la que se cierra, mediando el asombro general que hay entre los dos puntos. Sí, Berlanga era justo esto, saber encontrar el punto divertido en aquello que era tremendamente verosímil y que a la vez parecía producto de la más imaginativa de las mentes, y López-Cabrera entiende bien ese punto en una extensión más que perfecta para este relato.

Armengol Mas está igual de cómoda que el escritor en este viaje, y se nota desde el principio que ya hemos mencionado. Acepta las normas del cómic histórico del que parte como si estuviera dando vida a un encargo de la BD franco-belga, auténticos especialistas tradicionales del género, y a la vez asume un toque de comedia patria que, de nuevo, nos remite con claridad al cine de Berlanga. De techo, no es nada descabellado decir que es todavía más completo el trabajo en este segundo aspecto, puesto que se trata de que nos creamos algo del todo inverosímil, vikingos en Huéscar, diplomáticos haciendo frente a la más imposible de las guerras, noticias aparecidas en prensa que hoy parecerían bromas, y hasta una divertidísima secuencia onírica con la que se completa uno de esos tebeos que se ganan desde el principio el cariño del lector, no sólo por lo que cuentan o por la forma visual que adoptan, donde hay muy poco que reprochar, sino por haber sido capaces de dar vida a un relato divertido con respeto y categoría. Con la de cosas que se pueden encontrar en la Historia de España, también sucesos de este corte tan original, lo que sorprende es que durante tanto tiempo la hayamos mirado con tantos complejos. Hasta en lo berlanguiano, un concepto que, he aquí una prueba, nunca tiene por qué pasar de moda.

El único contenido extra en una introducción de Jorge Rivera.

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