Título original: Lucky Luke. La Ballade des Dalton.
Director: René Goscinny, Henri Gruel, Morris, Pierre Watrin.
Reparto: Daniel Ceccaldi, Pierre Trabaud, Jacques Balutin, Gérard Hernandez, Pierre Tornade, Jacques Legras, René Goscinny, Henri Poirier, Bernard Haller, Jacques Deschamps, Lawrence Reisner, Jacques Fabri, Roger Carel.
Guion: Pierre Tchernia.
Duración: 82minutos.
Estreno: 25 de octubre de 1978 (Framcia).
Si la mayoría de los personajes del cómic francobelga dieron el salto al cine con aventuras que ya habían tenido su edición impresa de manera previa, así sucedía con Tintín o Astérix, con Lucky Luke se dio el caso inverso. Para su segunda película animada, La balada de los Dalton, se optó por una historia nueva que, de hecho, el mismo año que se estrenó tuvo su propia adaptación al cómic. Quizá por eso haya que evaluarla de una manera un tanto diferente, aunque el tono sea muy parecido y el creador del personaje, estuviera involucrado como codirector, puesto que compartió con René Goscinny, uno de los padres de Astérix. De hecho, puestos a destacar curiosidades en ese sentido, Goscinny murió durante la producción, el filme estaba casi terminado, pero una de las sesiones de trabajo ha quedado como el último testimonio grabado de su persona. Y es, también, la última película que produjeron los Studios Idéfix.. Todo esto, evidentemente, juega al margen de los propios méritos del filme, pero queda como anécdotas que para los aficionados más cafeteros sirven como potenciadores de cariño. La película, de hecho, es lo que despierta porque es francamente entretenida, es un buen retrato de Lucky Luke y de sus enemigos mortales, los Dalton, y una comedia que funciona bastante bien, aun con la ingenuidad con la que lógicamente tenemos que verla.
No hay que olvidar que han pasado más de cuatro décadas del estreno original, y aun así hay momentos cargados de mucha intención y que parecen osados para una película de esta naturaleza. Hay una escena alucinógena que está basada en Cantando bajo la lluvia de una manera bastante evidente que es toda una sorpresa no solo por el concepto sino también por su imaginativa ejecución. Es cierto que la película en su conjunto no tiene pretensiones más ambiciosas ni quiere convertirse en metáfora de nada, pero esa secuencia da un toque especial a una historia que en lo demás cumple. Lo hace incluso aunque su historia sea una de esas a la que hay poner mucha, mucha fe para creer determinadas cosas. En ella, los Dalton tienen que asesinar a los miembros del jurado que condenó a la horca a su tío para poder reclamar su herencia, pero necesitan un testigo que garantice que los asesinatos se han producido. Y los Dalton no encuentran a nadie más honesto que Lucky Luke para dar fe de todas sus fechorías asesinas. Que la banda de hermanos más conocida del oeste comiquero se crea lo que el cowboy les cuenta y todos los subterfugios que encuentra para evitar sus asesinatos es quizá algo rocambolesco, y es la demostración de que el público objetivo no es tanto el que puede entender la parodia de Cantando bajo la lluvia, sino uno más infantil.
Hay muchos elementos disfrutables. Es verdad que el doblaje, sobre todo en el caso de Lucky Luke, no parece del todo perfecto, pero musicalmente la película es muy divertida, con un toque de western real muy apreciable, dando protagonismo a esa balada de los Dalton que, por peculiaridades de la rima con la traducción, habla en realidad de los Daltón. Y es también cierto que Morris y Goscinny encuentran situaciones muy divertidas para cada uno de los episodios de la historia, que recorre prácticamente todos los clichés posibles de las historias del oeste, todas las profesiones y muchas situaciones que se repiten con frecuencia en el género. Lucky Luke. La balada de los Dalton es un buen exponente del personaje, de cómo se construyó en sus años de esplendor, y por extensión de cómo funcionaban en la pantalla los personajes de la BD francobelga, con un estilo parecido, divertido y simpático, que sabe conjugar situaciones que tendrían que parecer muy adultas, no hay que olvidar que la base de este relato es el asesinato de un grupo de personas, con un tono infantil muy claro y además logrado. Y eso sin desdeñar algunos momentos que parecen pensados para contentar también a públicos más adultos, incluso para tiempos más contemporáneos en los que el cinismo y las dobles lecturas se aprecian todavía más.
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