Guion: Dianaconda.
Dibujo: Dianaconda.
Páginas: 160.
Precio: 20,90 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Mayo 2023.
¿Quién no ha deseado en alguna ocasión hablar consigo mismo cuando la edad todavía no era un enemigo de peso inexorable y dejarnos la experiencia, la sabiduría o los consejos que una vez de adultos creemos que nos habría encantado tener siendo niños o adolescentes? Ese ejercicio tan personal que unos harán en sus sueños, otros frente al espejo, y que incluso habrá quien no se plantee hacer, es el que protagoniza Dianaconda, pseudónimo de Diana Robles, en Misión en las antípodas, y es uno que rezuma sinceridad y buen rollo de principio a fin. La autora habla consigo misma en positivo, con ganas de aprender tanto de su yo infantil cono aquella de la artista en que se ha convertido. Vale, tiene cierta trampa esa idea, porque al final hay una de las dos partes, que además es la que transmite el mensaje, que tiene un interés marcado en que las historias que se cuentan sean justo estas y no otras, pero, lo decíamos, hay mucha naturalidad en todo. Dianaconda, de hecho, intenta dejarse llevar, impregnarse de la inocencia pérdida e imaginarse con soltura cómo sería realmente la imposible conversación que plantea. Mas que una conversación, al final es casi una experiencia lo que plantea. Y más que un relato, una pequeña gran catarsis sin ningún motivo especialmente traumático, lo que marca bastante el tono.
Puede dar la sensación de lectura ligera por ese motivo, y en realidad lo es, no escapa en ningún momento de esa idea… ni tampoco parece quererlo. Es decir, Dianaconda plantea este encuentro consigo misma desde la vida y la aventura, no desde un arrepentimiento aleccionador, y por eso los temas que surgen en sus páginas fluyen con habilidad. No está dando lecciones a su yo más joven porque en realidad no está sintiendo que deba prevenirse de nada en concreto, ni siquiera de aquellas vivencias que salieron mal, pero precisamente por eso, por la forma en la que se hablan ambas protagonistas, sí se sacan esas lecciones generales. O, quizá más acertadamente, de lo que podemos hablar es de reflexiones. Al final se trata de hablar de miedos, sueños, ilusiones y decepciones, de todas esas pequeñas cosas que se van haciendo grandes en la construcción de una personalidad que de adultos podemos llegar a pensar que no teníamos de niños. Y no es así. No es, desde luego, la conclusión de Dianaconda, que da a su yo pasado la categoría que requiere una historia gráfica como la de Misión en las antípodas. La ligereza, al final, se queda en la corteza, porque en la vida de la autora acaban teniendo trascendencia las dos mitades que se encuentran quién sabe cómo y sin que haya tampoco necesidad de un porqué.
Hablábamos de sencillez, y ese mismo espíritu preside la obra en lo visual. Hay mucha claridad al respecto desde la misma cubierta y recordando que la autora ha comentado su popularidad en las redes sociales, el canal que ahora mismo más inmediatez exige para convencer a un público muy heterogéneo. Sin apenas fondos, con un blanco y negro mucho más blanco que negro, con personajes sencillos y leves notas de color para diferenciar con claridad a las dos Dianas, y sobre todo con una idea clara de cercanía, Misión en las antípodas es un libro agradable de leer y podríamos decir que apasionante para reflexionar sobre las pequeñas cosas de la vida, esas a las que no siempre somos capaces de dar la misma importancia. De alguna manera, esa forma de construir viñetas es casi un mensaje más del libro, uno que seguramente compartirán la Diana actual y la más joven, uno que los lleva a pensar que a veces el camino más sencillo puede ser también el correcto. Si hay realmente una Misión en las antípodas podamos considerar que se salda con éxito. Y su éxito radica en la simpatía, en la sinceridad, en una cierta y agradable ingenuidad, en que la autora encuentra un escenario ideal para que no tenga ningún sentido mentirse a sí misma, ni como narradora, ni como protagonista, Nin seguramente tampoco como persona.