Guion: Kishi Azumi.
Dibujo: Kishi Azumi.
Páginas: 192.
Precio: 9,95 euros.
Presentación: Rústica con sobrecubierta.
Publicación: Marzo 2023.
Con El Ministerio de la Muerte (aquí, reseña de su primer número), Kishi Azumi ideó una serie planteable en episodios cortos sim necesidad de conexión real entre ellos, más allá de establecer un pequeño elenco de personajes que actuara como nexo. Cierto es que, de manera sutil, iba introduciendo pequeños elementos con los que ir dando forma a una continuidad que nos pudiera llevar algo más lejos. Pues bien, hasta sus últimas páginas, este segundo volumen se olvida de esto último y apuesta por la estructura original, la de historias independientes que funcionan con mucha facilidad y abundante variedad. Cierto es que hay detalles que invitan a pensar en un cuadro mayor, pero esencialmente se trata de píldoras de lectura bastante individual. Y ahí Azumi se mueve muy bien. No sólo sabe imaginar muertes que tengan un sentido en este planteamiento, sino que además juega como distintas estructuras narrativas que hacen que haya una frescura continua en la lectura de la serie, a la espera de que llegue ese acontecimiento que se intuye más que verse que tiene que servir para unir la línea de puntos que se está desplegando desde el principio. Hasta que suceda, en todo caso, estamos en un terreno bastante agradable de leer dentro de la manifiesta incomodidad que surge de un tema que sigue siendo tabú, la muerte.
La misma temática de la serie es el gran obstáculo al que se enfrenta Azumi. Pero no por lo que es de manera genérica, porque eso es algo que podemos dar por dominado desde la primera secuencia de la serie, hace ya muchas páginas, sino por lo que significa para cada uno de los personajes que vamos conociendo, sea el viudo de una mujer adorada en su barrio o la quinceañera que murió en una cita. No todos mueren igual, no todos tienen la misma idea sobre la vida o la muerte o han vivido lo mismo, ni siquiera reaccionan igual. El Ministerio de la Muerte lleva algo que parece lógico a una construcción muy atractiva de una serie que funciona muy bien desde su carácter episódico pero que también va trazando una línea que consigue resultados todavía mejores desde el misterio. Y no le hace falta que haya un equilibrio perfecto entre ambas facetas precisamente por la fuerza que tiene cada historia de Manresa individual. No tener la obligación de avanzar por ambos sitios mantiene intacta la fuerza de la idea de base y el mismo thriller que tiene que alimentar, más allá de que las historias humanas sean potentes por sí mismas. ¿Repetición? Ninguna, y eso hace que, con dos volúmenes, podamos tener la sensación de que llevamos con esta serie mucho más tiempo, dicho esto siempre como algo positivo.
Si el reto narrativo de El Ministerio de la Muerte está en la temática, el visual radica esencialmente en la variedad que necesita. Hay conductores que se repiten, sí, lo hemos dicho, un reparto concreto que surge de manera recurrente pero los verdaderos protagonistas son cambiantes, cada episodio cuenta con los suyos, y eso genera una evidente riqueza pero también un riesgo en caso de que el lector no conecte con cada uno de ellos. Da igual porque todos los episodios están dibujados con una enorme versatilidad y muchísimo acierto. La serie podría descansar en el impacto, pero en realidad lo hace en su lado más emocional, y eso es algo que se ve en el dibujo, en la mínima puesta en escena que requieren las escenas en el Ministerio y el detalle que sí reclama la vida real, aunque Azumi no sea precisamente minucioso en exceso a la hora de dibujar fondos y muchas veces apuesta por dejar que sean los personajes los que ocupen todo el foco. Incluso la misma crudeza de algunas secuencias (ironías de la vida, lo más complicado de ver no es precisamente una muerte) hace que sintamos las emociones todavía más a flor de piel. Y puede que esa sensación vaya in crescendo en El Ministerio de la Muerte, aunque seguramente eso es algo que tendremos que comprobar en su tercera entrega, una que, desde luego, se espera con ganas.
Shinchosha comenzó a publicar Shiyakusho en 2014.