Han pasado ya dos décadas desde que El Mago de Oz (aquí, su reseña) dibujado por Enrique Fernández viera la luz en el mercado francés, y ahora tenemos la suerte de que se reedite la obra en España. Buen momento por tanto para que hablemos con el ilustrador español de lo que supuso para él esta adaptación de la novela de Frank L. Baum que todo el mundo conoce y quiere gracias al cine. Esto es lo que Fernández nos ha contado de su trabajo.
Si hay una versión de El Mago de Oz que todos tenemos en la mente, esa es la película de 1939 con Judy Garland. Dices que no la has tenido en cuenta, pero ¿marca de alguna manera a un ilustrador, aunque sea de manera inconsciente, que exista un referente tan universal?
Sí, es inevitable, no se puede negar que es un referente visual muy potente. Pero precisamente ese tipo de referencias hace que sea más divertido el desafío. Porque tienes que darle vueltas a un diseño que por un lado sea diferente para ser reconocido como tuyo, en tu estilo, y a la vez se aleje de la imagen más popular.
¿Y te preocupó en algún momento del proceso que los lectores se asomaran al cómic pensando más en la película que en la novela o incluso sin conocer la historia?
Eso pasará siempre, no puedo evitarlo de forma consciente. Imagino que tendrían que pasar algunas generaciones más para que el legado visual de la película no sea tan potente, y que nuevos lectores se asomen a mi versión sin ese referente en la cabeza. Por otro lado la versión del guion en este comic es lo más fiel posible a la novela original, porque solo se trataba de adaptarla a formato cómic sin aportar una interpretación nueva a nivel narrativo.
Has dicho que fuiste directamente al libro de L. Frank Baum. ¿Lo conocías ya o lo leíste para este trabajo? ¿En qué te ayudó más su lectura y qué quedó más en el aire cuando acabaste la obra original?
No lo había leído hasta ese momento, precisamente por la potencia del referente de la película y de otras obras ilustradas. Todos tenemos un mapa mental de cómo son los personajes y a grandes rasgos qué sucede en la historia sin haber leído la obra original. Esa precisamente es la fuerza que tiene una obra así, que genera todo un universo visual incluso en aquellos que no han tenido el momento de leer el libro. Como yo ya partía de una adaptación que quería ser lo más fiel posible a la novela, en la parte del guion me desentendí bastante, solo aportando alguna pequeña cosa a nivel de storyboard, para hacer algo más fluido, pero solo cosas puntuales. Lo que fue más interesante para mi parte gráfica fue que no hubiera descripciones detalladas en la novela original y que pudiera partir casi de cero en los diseños. Eso si, siempre teniendo en cuenta que los diseños tienen un gran componente de icono cultural como explicaba antes. Lo que más me gustó de la obra original es su inocencia y frescura narrativa.
¿Encaras el proceso de diseño de manera diferente si es una historia original o una adaptada y que, como decíamos, tiene versiones tan populares?
Para un personaje completamente mío siempre tengo una imagen mental aproximada de cómo quiero que sea. Luego hay muchos cambios, el diseño original evoluciona por varias razones, pero para hacernos una idea es como ir esculpiendo un bloque de mármol hasta que sale la escultura que tenías en mente. Para una obra adaptada el trabajo lo enfoco de forma diferente, exploro todas las variaciones posibles para alejarme de la imagen popular ya establecida y poder aportar algo nuevo a ese diseño, o algo en lo que me sienta identificado como propio. Las dos formas de trabajar tienen sus propios desafíos. La primera por la presión interna de encontrar aquello que sabes que tiene que salir en algún momento de tu cabeza, que de tu idea hasta el trazo final sobre el papel no se pierda la esencia. La otra forma es un desafío quizás más técnico, más de ver con qué recursos gráficos puedes contar.
Viendo El Mago de Oz, podría pensarse que es un trabajo enteramente en digital, pero no es así, ¿verdad? ¿Cómo es el proceso de dibujo que seguiste para hacer la historia?
El dibujo es a lapiz azul sobre papel, y el color es digital. Cada personaje, fondo, elemento de la página, está dibujado sobre un A4 por separado. En ocasiones en un A4 aparecen dibujos de diferentes viñetas. Luego lo escaneaba y componía en el ordenador usando como referencia el storyboard previo. Después con la pagina a lápiz compuesta en el ordenador, el color es enteramente digital. Esta forma de trabajar no es la más eficiente, pero en ese momento me ayudaba a dibujar de forma más cómoda en los trazos de los dibujos, al no tener que restringirme al tamaño de una viñeta.
Me parece muy llamativo el color de la obra, y sobre todo las tonalidades verdes que se comen las escenas que tienen lugar en Oz. ¿El color lo tenías ya pensado desde la fase de diseño o es algo que fue surgiendo de manera natural cuando ya tenías las páginas acabadas?
El color va surgiendo según la necesidad de contar la escena, si es más luminosa, más amable, si hay peligro, si hay tristeza… Son recursos que me fui apropiando de las películas de animación de Disney y Dreamworks del momento, donde se hacían, bueno, se siguen haciendo, esquemas narrativos de color de toda la película para ver como viaja el color de una escena a otra, para tener diferentes ambientaciones y potenciar conceptos como los que mencionaba antes. El color provoca sensaciones o explica emociones de forma muy rápida y sutil, y es un buen recurso para tener en cuenta.
El Mago de Oz está cerca de cumplir veinte años, al menos en lo que se refiere a la publicación del primer álbum, que fue en 2004. ¿Cambiaría algo de la obra el Enrique Fernández de hoy o está orgulloso de cómo salió todo?
Sería más fácil hacer una obra completamente nueva, no le veo sentido a retocarla. El libro una vez que sale de tus manos, a no ser que hubiera algún fallo técnico de racord o alguna cosa mal colocada, etc., ya está bien como está. En su momento supuso mucho para mí a nivel profesional y personal, y a día de hoy me sigue dando alegrías como esta reedición, en Francia se ha seguido reeditando varias veces en estos años, en diferentes formatos. Cuando acabo un cómic siempre tengo una mezcla de orgullo y hartazgo, de haber trabajado tanto en las páginas, de haberlas pensado tantas veces y de tantas maneras. Así que cuando los tengo ya impresos y circulando por las tiendas, a pesar de los fallos que veo que tienen, o que vea que en este momento los habría hecho de otra forma, me conformo con lo que tengo hecho y me propongo hacerlo mejor al siguiente libro. Las virtudes me cuesta más verlas, tiene que pasar algo de tiempo desde que acabo el libro hasta que siento que estoy satisfecho con el trabajo hecho.
¿Y qué piensas cuando una obra tuya tiene una reedición como esta después de tanto tiempo?
Mucha alegría, porque es una obra de la que me preguntaban a menudo cuándo habría reedición. Así que ahora me hace feliz saber que por un lado puede llegar a gente que en su momento no la pudo comprar, y me gustaría que funcionara bien con nuevos lectores. La edición tiene muchos extras y está muy bien cuidada, estoy muy satisfecho con el mimo que le han puesto.
Hace ya tiempo que las fronteras geográficas están rotas en el cómic y sois legión los que trabajáis en el extranjero. ¿Cómo ha sido tu experiencia? ¿Cómo llegaste al mercado francobelga y por qué crees que es ahí donde mejor puedes encajar?
Esta obra fue precisamente la que me situó en el mercado francobelga, mi primera obra allí y estuve muy bien arropado tanto por el guionista , como por la editorial, y con una muy buena respuesta del público. En aquel momento no era consciente de la suerte que tenía por haber entrado en el gran mercado francés de esa manera, pensaba que era un proceso natural. Aprendí mucho con todo ese proceso. Ahora mismo por desgracia ese mercado está teniendo un momento un poco difícil, ya no es la panacea que era antes. El formato sigue gustándome mucho, pero para mi empieza a ser inviable dedicarse a esto de forma continuada.
Y ya para terminar, ¿en qué estás trabajando ahora?
Estoy a diez páginas de acabar mi ultimo cómic con Spaceman Project, Limbo Hotel. Y combinando ese trabajo con otros dentro de la animación y los videojuegos, como he ido haciendo siempre.