Guion: Junji Ito.
Dibujo: Junji Ito.
Páginas: 376.
Precio: 21,95 euros.
Presentación: Rústica con sobrecubierta.
Publicación: Enero 2023.
Si hay algo que hace que Junji Ito sea uno de los mangakas de terror por antonomasia de nuestro tiempo es la enorme producción que tiene. Y dentro de esa gran cantidad de relatos que nos sirve, largos y cortos en antología como es el caso de Naturaleza desbocada, lo que sorprende es que haya un nivel tan alto en su producción. El punto fuerte de Ito es encontrar el horror más puro desde situaciones bastante diversas pero que casi siempre parten desde una realidad bastante accesible, ya sea por situación, por escenario o por los personajes que viven cada episodio. Y aunque haya un nexo común en este libro, el que indica el libro, la naturaleza, lo cierto es que todo resulta muy cambiante, también en cuanto a la extensión de cada historia, porque Ito no se siente en absoluto atado en ese sentido y tan pronto desarrolla una de sus asfixiantes locuras en una docena de páginas como lo hace en más de medio centenar. Dicho todo esto, es casi una deliciosa contradicción que Ito destaque por una variedad tan arriesgada cuando en realidad no se aleja nunca del todo de su zona de confort. ¿Para qué, en realidad, si se desenvuelve tan bien en lo que domina? Con eso se enmascaran algunas irregularidades que pueda tener el autor pero también queda claro que su conocimiento del género es muy amplio.
Hablamos de diez relatos, ese es el número de fantasías que forman Naturaleza desbocada, y en todos ellos podemos decir que hay una sensación mucho más clara de su autoría que de la excusa que teóricamente da pie al relato. De hecho, más que de escenarios naturales, que los hay claramente, lo que se ve de una manera mucho más presente en los relatos es el prototipo de protagonistas de la edad concreta que le gusta usar a Ito. Adolescentes y jóvenes son quienes abren la puerta del horror, y apuesta por ellos incluso cuando la historia podría dar pie a que el actor principal tuviera más años, como sucede por ejemplo en la historia que abre el libro, Moho. Hay excepciones, claro, como pasa en El puente, pero cuando las hay obedecen a necesidades narrativas. Si hablamos de experiencias cercanas o surgidas de la muerte natural, lógicamente la edad sube. Pero por lo general a Ito le gusta asustar y asustarnos a través de personas que tienen buena parte de su vida por delante. Con ellos consigue mostrarnos con más facilidad lo que está en juego, y le permite establecer secuencias de acción que disparan la adrenalina en consonancia con los horrores de los que se está huyendo. Interesa y mucho, como en casi cualquier antología, que la fuente del horror es muy variable, como lo son sus manifestaciones.
La unidad, en todo caso, se encuentra también desde el mismo estilo de ito. Sus figuras son reconocibles, y más allá de que el manga tenga algunos códigos propios para explorar el terror, cuando uno ve fantasmas, cuerpos putrefactos o incluso elementos de enorme subversión visual, se reconocen fácilmente como creaciones de su autor. Y lo mismo pasa con la contraposición entre la belleza estática que aporta a sus personajes, que quizá también por eso los quiere siempre jóvenes y activos, y la transformación de sus gestos en cuanto son conscientes de las amenazas a las que tienen que hacer frente. También destaca, como lo ha hecho siempre, en las atmósferas. En este caso, siendo la naturaleza un escenario recurrente, se nota que está muy trabajado este aspecto, aunque sucede lo mismo también cuando el epicentro del terror está en construcciones humanas. Como pasa siempre con Ito, Naturaleza desbocada se presente como una formidable oportunidad para conocer los mecanismos con los que el autor se adentra a lo más oscuro de la realidad y la fantasía, y sale ganando siempre en la competición contra él mismo porque elude con categoría la comparación constante entre sus historias. ¿Reconocibles? Desde luego. ¿Reiterativas? Nunca. Ni siquiera contando con esas marcas de estilo tan propias en sus páginas.