Guion: David Chauvel.
Dibujo: Enrique Fernández.
Páginas: 112.
Precio: 22 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Febrero 2023.
Probablemente nos estaríamos engañando si dijéramos que cualquier versión de El Mago de Oz que caiga en nuestras manos no tiene en cualquier lector la imagen mental apriorística de la película de 1939 que protagonizó Judy Garland. Ese es El Mago de Oz del imaginario popular, por encima incluso del original, el de la novela de L. Frank Baum, y nadie lo podrá discutir. Pero el impacto cultural y generacional de la película no tiene por qué marcarlo todo, y se agradece mucho que David Chauvel y Enrique Fernández nos hayan contado la misma historia, que lo es, pero con un espíritu diferente. Olvidemos el musical, el blanco y negro y algunos de los detalles más carismáticos del filme de Victor Fleming, y abramos la mente. Dorothy sigue siendo Dorothy aunque no tenga la imagen que recordamos. Y lo mismo sucede con el Espantapájaros, el Hombre de Hojalata o el León. Por supuesto, lo mismo pasa con el Mago, con la misma Oz o con las brujas de los cuatro puntos cardinales con las que nos vamos topando. Chauvel apuesta por narrar un cuento y Fernández por un dibujo de vanguardia, lo que provoca una sinergia bastante especial que sabe marcar distancias con la imagen más clásica del relato sin perder fidelidad al original. Y todo eso, que parece una deliciosa contradicción, es lo que arma esta versión de una manera muy decidida.
Obviamente, no hay grandes sorpresas en la historia. El Mago de Oz es lo que es, y el primer acierto de Chauvel es no desnaturalizarlo. Sigue siendo la fantasía que conocemos, con todos sus elementos, y lo que queda en manos del escritor es una acertada forma de expresarla en el lenguaje que corresponde. Equilibra muy bien los cartuchos de texto y los diálogos para que ni uno ni otro sean demasiado predominantes y para que, de esa manera, ni nos sintamos enteramente en las sensaciones del libro ni en las de la película. Suena la música, pero no es exactamente la misma, y eso tiene mérito, porque hoy en día hay muchas voces que no entienden que se sigan tocando ciertas historias y convencerlas simplemente para que den una oportunidad a quienes cometen esa osadía es ya un logro a destacar. Chauvel se mueve con comodidad en el mundo de Oz, sabe encontrar momentos para todos los personajes y recrea con acierto lo que todos esperamos, con lo que colma expectativas y a la vez nos ofrece algo nuevo. Al final, todos creemos sabernos El Mago de Oz de la primera a la última escena pero este cómic sabe moverse con frescura en ese complicado escenario, sin sentirse preso de los referentes ni en la obligación de competir contra ellos por medallas que, al final, solo empobrecen las aportaciones de cualquier creador.
Pero por si acaso esas comparaciones se sienten en algún caso como necesarias, es bueno decir que el dibujo de Fernández es muy agradable sorpresa. No sabemos si conoce al detalle la famosa película, pero es lícito pensar que sí, pues hablamos de un icono que sobrepasa los límites del cine, y aún así sus personajes son distintos. Esa tarea inicial de diseño es soberbia y está cargada de imaginación, pero es todavía más gozoso ver a estos personajes en movimiento. La línea de Fernández es muy llamativa, fluida, casi líquida, sabe aproximarse a las sensaciones innovadoras de un Benjamin Lacombe, pero sin abandonar la necesidad de que haya una notable narración gráfica dentro del lenguaje del cómic, y juega con una paleta de colores que sí nos puede remitir a los referentes más lógicos pero con ideas netamente distintas. Lo bueno es que no da nunca la sensación de que El Mago de Oz de Chauvel y Fernández no parece estar creado para ser distinto, sino para disfrutar de una historia en la que se nota que ambos están cómodos. Lo que les sirve, lo aprovechan. Y lo que no, lo cambian. Sin miedos, sin resquemores, sin reivindicaciones, sólo por amor al maravilloso arte de contar una buena historia. Esta lo es, y es también una francamente buena versión de algo que a lo mejor no hemos leído pero sí conocemos en profundidad.
Delcourt publicó originalmente los tres álbumes de Le Magicien d’Oz entre enero de 2005 y enero de 2006. El contenido extra lo forman las portadas originales y un portafolio de bocetos de Enrique Fernández.
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