Guion: Haikin.
Dibujo: Haikin.
Páginas: 200.
Precio: 8 euros.
Presentación: Rústica con sobrecubierta.
Publicación: Febrero 2023.
Podemos interpretar Déjame morderte dulcemente como un juego. Haikin nos presenta un mundo en el que hay personas que se transforman en animales, y seguimos las andanzas de dos, uno que puede transformarte en perro y otro que puede hacerlo en gato. Pero resulta que este manga no va de eso. No necesita una fantasía demasiado elaborada o justificada, porque en realidad la que cuenta es una historia de amor homosexual. Y el gran acierto que tiene es el poder metafórico con el que se lanza a plasmar los miedos de la primera relación, del primer contacto sexual, de las emociones que sus protagonistas no tienen claro si son de amor, de deseo o de amistad. Y cuando nos damos cuenta de que la metáfora es lo que realmente le importa a Haikin, entonces vemos Déjame morderte dulcemente con otros ojos. Adultos en todo caso, eso desde luego, pero con esa chispa que despierta el hecho de que haya un subtexto tan bien introducido, en el que el ritmo no solo no es un problema sino parte de las soluciones que se aplican en estas páginas, y donde lo que se pretende es, por increíble que parezca entre divertidas transformaciones animales, que haya gente joven, lectora potencial de este manga, que encuentre puntos de identificación evidentes entre sus propias vidas y lo que leen aquí.
Si pensamos en lo que realmente sucede en Déjame morderte dulcemente, puede parecer que no es gran cosa. No hay demasiados conflictos fuera de los sentimientos de sus dos protagonistas, apenas hay personajes secundarios y de lo que se trata es de meternos en su piel. Literalmente, porque las transformaciones animales forman parte de un juego inocente de descubrimiento que tiene mucho que ver con los primeros movimientos de aproximación de quienes experimentan un primer amor. Eso es este manga, por mucha carcasa fantástica que pueda tener, y por eso no se pierde Haikin en sucintas explicaciones que compliquen su universo. ¿Para qué, si no está ahí el foco de su interés? Funciona como elemento de rareza y extravagancia, y permite además ese desahogo cómico que necesita la tensión del despertar sexual, pero no es el epicentro emocional de la historia. Eso es lo que les va pasando por la cabeza a los dos personajes centrales y lo que constituye la base de unos diálogos que se ajustan a lo que pide cada momento, sin deslumbrar ni chirriar. Al final, Déjame morderte dulcemente es un manga de sensaciones más que de conclusiones, aunque muy pronto parezca evidente hasta dónde nos va a llevar su relato y no haya que esperar grandes sorpresas por el camino.
Si la apuesta en la historia es la de la sencillez, lo mismo se puede decir de su dibujo, en el que los espacios y escenarios apenas tienen protagonismo y el que tienen lo van perdiendo según vamos avanzando en la historia, según se van poniendo encima de la mesa los sentimientos que justifican el devenir de la narración. Por eso es tan importante el primer plano, como también el lenguaje corporal cuando Haikin, con bastante inteligencia, prescinde de los rostros y nos invita a pensar en el deseo que prima en esas secuencias. Ni siquiera los elementos animales parecen ser demasiado complejos como para que nos distraigamos de lo verdaderamente importante, y actúan como el complemento llamativo que parecen ser desde el principio. Déjame morderte dulcemente tiene un dibujo que acompaña la historia con la elegancia necesaria como para que el papel estrella sea para la metáfora. Este no es un manga sobre un perro y un gato que pueden transformarse en humanos, o de dos humanos que pueden cambiar a formas de perro y gato, sino sobre dos muchachos que están cómodos juntos, que aprenden a definir lo que sienten el uno por el otro y que dan sus primeros pasos sexuales juntos. Y ahí, la verdad, el resultado es tan sincero que apenas se le pueden poner pegas.
Kasakura publicó originalmente Amagami wo Kimi ni en 2019.
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