Guion: Víctor Santos.
Dibujo: Víctor Santos.
Páginas: 192.
Precio: 22 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Noviembre 2022.
Cuando pasen los años y nos dediquemos, con razón y muchos argumentos, a estudiar la obra de Víctor Santos, veremos muy probablemente que Polar (aquí, su reseña), esa obra con la que quiso experimentar con el webcómic y que no paró de crecer hasta llegar al cine (aquí, su crítica), fue un punto de inflexión notable. No tanto por los temas, pero sí fue desde luego un paso adelante en lo formal que ha acabado por marcar lo que ahora mismo nos está ofreciendo en otras obras. Moon Eaters no es una excepción dentro de esa norma, más bien al contrario, es uno de esos tebeos cargados de adrenalina que sabe bordar sin aparente esfuerzo. Y esfuerzo hay, sin duda lo hay, porque no son historias tan sencillas de elaborar, por mucho que haya gente que todavía resta valor a los géneros, como si no tuvieran importancia. Y el caso es que Santos, como evidencia Moon Eaters, como hacen Violent Love (aquí y aquí, sus reseñas), Against Hope (aquí su reseña) o Bad Girls (aquí, su reseña), es un maestro en esto, en esta clase de acción, una de serie B, de entretenimiento sin complejos, de adrenalina salvaje, en la que hay tiros, sexo, asesinos y sicarios sin más explicaciones de las necesarias, que ojo, también las hay porque Santos escribe muy, muy bien e historias como esta que juegan con el tiempo lo corroboran con elegancia.
Por decirlo de una manera clara, Santos es uno de esos escritores que sabe sacar partido de lo mínimo para crear mundos que tienen una apariencia compleja y que mueven al lector con una fuerza bárbara en toda la extensión de los libros. Durante páginas y páginas nos mete en un duelo de pistolas que bebe de las películas de Sam Peckinpah con tantas ganas como del cine oriental, durante otro puñado de páginas nos ofrece una excitante escena de sexo, estimulante y salvaje, casi tanto como el lado más violento del relato. Y cuando se lanza a los flashbacks que dan sentido a la estructura de capítulos de Moon Eaters nos ofrece un festival de elementos tan dispares que casi parece mentira que formen parte de la misma obra, una que llega a uno de esos finales que nos dejan con una sonrisa, la que implica pedir más aunque en el fondo sepamos que lo más seguro es que no llegue nunca en ningún otro terreno que no sea nuestra propia imaginación. Y es que Santos es así, literalmente adictivo, tiene esa cualidad que hace que nos metamos tanto en una historia como para no querer salir, independientemente de que sea mejor o peor. Y esta, al final, no parece de las más trascendentes de su carrera, pero tiene tanto con lo que disfrutar igualmente que en el fondo nos da igual que sea un divertimento más o menos ligero.
Cuando hablamos de la influencia de Polar, lo hacemos en cuanto a historia y género, pero sobre todo en el aspecto visual, de eso no hay dudas. No nos vamos a cansar, no podemos hacerlo, de calificar a Santos como un gigantesco maestro del blanco y negro, hay pocos narradores que den tanto sentido a los bloques de un único color y que sepan darle un significado narrativo y sensorial tan poderoso. Solo así se entiende que lo erótico sea tan fascinantemente violento y lo violento tan evidentemente sensual. Y es de nota lo bien que juega el autor con personajes arquetípicos en su presentación, bienvenidos al arte de uno de los tipos que mejor presenta femme fatales o tipos duros. Cada página es un espectáculo que da gusto contemplar y en el que se nota que su autor no es que esté cómodo, es que tiene una seguridad apabullante de que está consiguiendo todo lo que se propone. Moon Eaters da la sensación de ser más una diversión puntual que algo de una mayor ambición, pero si incluso así luce tan bien lo que Santos es capaz de volcar en un tebeo es por lo que el concepto que tenemos del autor es tan alto en su propósito de ensalzar géneros que otros podrían considerar menores.
El único contenido extra es una galería de bocetos.
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