Guion: Scott Goodall.
Dibujo: Jesús Blasco.
Páginas: 96.
Precio: 19,90 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Octubre 2022.
El progreso ha hecho que veamos como algo normal que un autor español trabaje para editoriales de otros países. Normal y hasta fácil. Y sin embargo, cuando caen en nuestras manos reediciones como las de El hombre indestructible, es importante que tengamos en cuenta que hace no tantas décadas había que ser muy bueno, y tener una pizca de suerte, para labrarse un futuro con el dibujo más allá de nuestras fronteras. Jesús Blasco es uno de esos pioneros, y este libro que ahora se recupera para los lectores españoles bien podría ser una de sus obras más fascinantes y completas, a pesar de que, viendo lo que nos ha llegado, pueda considerarse algo corta. El hombre indestructible, escrita por Scott Goodall, tiene mucho de historia de superhéroes, pero también explota esa fascinación por el Antiguo Egipto que ha mostrado la ficción moderna desde que la Momia se convirtió en un arquetipo clásico de las historias de terror. La de Goodall y Blasco no va por esos derroteros, apuesta más, como decimos, por el cómic de superhéroes, pero al final no deja de ser una atractiva mezcla de todos estos elementos para dar forma a una historia que, siendo conscientes de cuándo se publicó, no ha envejecido nada mal. Blasco se encargó de eso.
Goodall coge una fórmula bastante básica y la explota bien, aunque las dos confluyen en lo mismo. Utiliza la mitología egipcia para crear un personaje contemporáneo y se acerca mucho a lo que eran los superhéroes ya de manera casi exclusiva en la época en la que El hombre indestructible vio la luz. Sin complicarse demasiado, sigue un ABC bastante claro, dando debilidades al héroe, creando una galería de villanos, partiendo de un origen bastante claro y arquetípico… Parece una tontería, pero seguir lo que funciona es una buena manera de hacer que un personaje cale, y más en aquella época. Hoy quizá se le exigiría un punto mayor de originalidad, cierto, pero cuando nació el personaje su historia tiene la suficiente fuerza y el ritmo adecuados para convencer, incluso con el cambio que se produce del formato de tira de prensa al de cómic convencional, con todo lo que eso supone, especialmente en términos de ritmo y velocidad de lectura. Lo cierto es que sobrevive bastante bien al cambio, casi incluso se agradece por el tipo de historia que es, porque al final deja respirar mucho mejor al dibujo de Ortiz, que se convierte en la razón principal por la que El hombre indestructible ha conseguido superar muy bien las barreras del tiempo, que son las que normalmente hacen que tengamos sensaciones distintas en este tipo de tebeos.
Blasco, ya lo hemos dicho, es la razón esencial por la que El hombre indestructible funciona de una manera notable. Su dibujo es espléndido, no solo por el diseño del personaje central, que sabe moverse entre los dos arquetipos en los que se basa, sino por el descomunal realismo que desprende toda su puesta en escena, desde lo más fantástico a lo más cotidiano. Su dibujo luce especialmente bien en blanco y negro, usando las tintas de una manera muy adecuada para que las viñetas de menor tamaño no solo no parezcan recargadas sino que incluso se pueda sentir en ellas el dinamismo de la acción. Y es que el movimiento es uno de los terrenos que mejor domina Ortiz en estas páginas, sus personajes nunca parecen estáticos, ni por su lenguaje corporal ni tampoco por los artificios narrativos con los que indica a los lectores hacia dónde tiene que dirigirse su mirada. El hombre indestructible deja de ser una obra inédita en España, y mantiene toda su espectacularidad visual, aunque lo hace con una edición que en sus páginas iniciales se ve obligada a reducir el tamaño original de las tiras. Una buena muestra del cómic británico de su época, una escrita con habilidad y sobre todo dibujada con mucha elegancia, sabiendo añadir algo más de personalidad a una historia que, por parecidos que pueda tener con otros universos, tenía su dificultad.
El volumen incluye material publicado en la revista Jag entre mayo de 1968 y noviembre de 1972. El contenido extra lo forman una introducción de David McDonald y un artículo ilustrado sobre la obra.
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