Guion: Jorge García.
Dibujo: Ángel Trigo.
Páginas: 104.
Precio: 19,90 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Noviembre 2022.
Lo que encontramos en Niadela en un relato contracorriente. El mundo actual es uno de fama, dinero y notoriedad. Para ser alguien hay que salir en televisión, que se decía antes, y ser una institución en las redes sociales en el mundo de hoy, sea por voluntad propia o porque los demás nos conviertan en esa figura objeto de deseo y envidia. Y Niadela es el viaje contrario. Beatriz Montañez era popular, aparecía en un conocido programa de la pequeña pantalla y, se asume, eso le daba una posición socioeconómica atractiva. Pero un bien día decidió dejarlo todo para irse a vivir a un lugar apartado y solitario en el que poder escribir, pensar y vivir de una manera bien distinta. Montañez plasmó esas vivencias en un libro y ahora Jorge García y Ángel Trigo lo han convertido en una novela gráfica que es bastante fiel al libro del que parte y es capaz de transmitir las sensaciones que emanan de él. Niadela es, en ese sentido, una experiencia humana bastante potente precisamente por lo inusual que es en nuestros tiempos, una que consigue atraparnos por lo decisivo de la decisión que toma la comunicadora y que nos hace darnos cuenta de que las dependencias de hoy son bastante artificiales. No es un libro de autoayuda, no es una guía para hacer lo mismo, pero sí es una buena manera de abrir los ojos y, aunque sea por otros caminos, darnos cuenta de lo que es importante.
No es nada fácil encontrar la manera de transmitir de otra manera un mensaje tan arrolladoramente personal. El de Montañez es propio e intransferible, ni siquiera pretende ser una lección sobre cómo hay que romper con las exigentes ataduras del mundo contemporáneo… ni mucho menos una afirmación de que este sea el único camino. Pero en lo que más acertado parece estar la adaptación de García es precisamente en lo bien que sabe transmitirnos las ideas que encierran esa apuesta, los pequeños momentos, las sensaciones que despierta esta conexión con la naturaleza y su posterior y puntual regreso a la civilización moderna. La Montañez que vuelve a ese mundo a por elementos imprescindibles no es la Montañez que decidió marcharse. Y aunque obviamente hay muchas sensaciones, muchos pensamientos y muchas dudas que se quedan en el tintero, porque hablamos de un relato que abarca seis años de una vida, se puede considerar este como un esfuerzo bastante notable, como una tarea en buena medida alcanzada, porque uno sale de la adaptación gráfica de Niadela con la sensación de haber comprendido a su protagonista y narradora, aunque aquí lo sea por medio del altavoz que supone el propio García. ¿Acaso no es eso lo que se pide de una adaptación a cualquier otro medio?
Para Trigo queda la otra gran tarea, que es la de que conectemos con Montañez a nivel visual. Lo consigue con elegancia, con un retrato suave, reconocible pero sin sentirse preso de las sensaciones fotorrealistas, con un trazo deliberadamente desdibujado que nos invita a sentir esa conexión con un mundo natural distinto, en el que los miedos del mundo moderno se plasman de formas diferentes. Se ve ese entorno natural que busca Montañez y se siente como algo deseable, se aprecian los pequeños detalles, las sensaciones de una soledad buscada pero en la que su protagonista no quiere estar completamente sola, y el ilustrador sale más que airoso de la forma en la que plasma los pequeños instantes, la belleza de la desnudez solitaria, la importancia de esos pequeños ruidos que el mundo exterior no nos deja escuchar a la mayoría. Con colores suaves, Trigo conforma un mundo, el de Montañez, que convence desde el principio. Obviamente, el arraigo a una vida tecnológica y estresante hace que Niadela no sea un escenario para todo tipo de públicos, y habrá quien entienda esto como una gigantesca excentricidad. Puede que tenga algo de todo eso, no se puede negar. Pero es un viaje emocional, y eso, cuando está bien contado como sucede en este libro, siempre merece la pena.