Guion: Grant Morrison.
Dibujo: Cameron Stewart.
Páginas: 216.
Precio: 25 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Diciembre 2022.
A Grant Morrison se le quiere o se le odia. Hay autores que son así y, con la excepción de algunas obras en las que pueda suscitar una cierta unanimidad, y normalmente para bien, siempre polarizan a los lectores en bandos difícilmente reconciliables. O sus obras son maestras o son insufribles. Pero Morrison es distinto, porque tiene la capacidad se ser amado y vilipendiado incluso dentro de una misma historia. Y dentro de este planteamiento, ¿es Seaguy una genialidad o es una ida de olla sin más sentido que el del ridículo? No es una pregunta de fácil respuesta ni tampoco pretende ser una falta de respeto a Morrison, un autor inteligente, egocéntrico desde luego pero capaz de una brillantez elogiable. Pero Seaguy, como otras de las obras que escribió a comienzos de siglo, lleva la libertad creativa lejos, muy lejos de los estándares tradicionales. Es, en cierta medida, su particular versión del viaje del héroe, pero también una fumada alucinógena y psicotrópica que Cameron Stewart, eso sí, ejecuta con una brillantez admirable, obligándose a creer en la historia, ya sea por convicción real o por una profesionalidad a prueba de bomba. Cualquiera de todas estas ideas es posible para evaluar Seaguy. Literalmente, cualquiera. Y eso, al final, es loque merece la pena de un escritor como Morrison.
Y es que Morrison nunca para de lanzar ideas. A veces son personajes estrambóticos, a veces homenajes, otras son abiertas y punzantes parodias, y no le cuesta ningún trabajo reírse del drama y exagerar lo divertido. No hay sinopsis en el mundo capaz de resumir de una manera certera el contenido de Seaguy más que superficialmente, y si hay algo que no es Morrison es superficial. Puede rozar el sinsentido, y a fe que en estas páginas lo hace mucho, pero tiene mérito ser tan extremo en todo como para que no nos asombre su salvaje demolición de las tradiciones de la tauromaquia o el homenaje, quizá hasta burla, que se marca a El séptimo sello. Pasan cosas, muchas, sin pausa y a veces hasta sin control, podríamos decir que parece en ocasiones que sin un propósito concreto que vaya más allá precisamente de acumular vivencias. La aventura fantástica que se plantea es una muy, muy extraña que por fuerza es inclasificable, pero de alguna manera es asombrosamente accesible y entretenida, con un ritmo de lectura que se antoja frenético por momentos, sin dejar por ello de disfrutar de la afilada pluma con la que Morrison construye sus diálogos, siempre con más de una intención en mente.
Para trabajar con Morrison hay que entenderle, o al menos que lo parezca, porque si no hay ideas que pueden llevar a un comic a bordear lo inverosímil, lo ridículo. Pero Stewart es muy bueno en ese sentido y logra que Seaguy nunca descarrile. Su propuesta visual es sabrosa, intensa y esta ejecutada con un envidiable sentido de la diversión. La comedia suerte efecto con la misma inteligencia que la acción, y eso hace de este un tebeo muy completo en su dibujo. Si podemos creer que el protagonista va vestido con un traje de neopreno y unas gafas de buceo, que su mejor amigo es un pez volador con un puro en la boca, que anda por ahí suelta una mujer barbuda que cual Red Sonja solo se entregará a un hombre de verdad que sea mejor que ella en el combate o incluso que se pueda torear con ropa interior en lugar de capote, eso quiere decir que Stewart hace un trabajo impecable. Y lo hace en todos los sentidos, en las criaturas, en los escenarios, en el color, y por supuesto en el movimiento que da a sus personajes para que los géneros, en especial la comedia, salgan satisfechos de una obra que solo podemos calificar como muy, muy extraña, surrealista como si fuera una idea no solo surgida sino desarrollada desde un viaje astral o psicotrópico, y atrevida porque no todo el mundo se atrevería a lanzarse de esta manera. Pero es Morrison.
El volumen incluye los tres números de Seaguy, originalmente publicados por DC Comics entre julio y septiembre de 2004. El único contenido extra son las cubiertas originales de Cameron Stewart.
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