Guion: Ariel Slamet Ries.
Dibujo: Ariel Slamet Ries.
Páginas: 336.
Precio: 28 euros.
Presentación: Rústica.
Publicación: Noviembre 2022.
El cine hace tiempo que prefiere apostar en buena medida por lo seguro, por las franquicias, y eso hace que la inventiva recaiga en otros medios. El cómic, por ejemplo, en el que vemos con mucha frecuencia que arrancan historias de género que sobresalen a pesar de partir de presupuestos más o menos tópicos y parecidos entre sí. Si miramos Witchy, seguro que podemos identificar muchos de sus elementos en otras fábulas aventureras, pero el mérito que tiene Ariel Slamet Ries, el que se aprecia con claridad en este primer volumen, estriba en lo bien montado que está su mundo de magia. Y, también hay que decirlo porque no parece casual, la manera en la que conecta con la realidad. Hacer del pelo, y sobre todo del pelo de una mujer, el epicentro emocional de todo lo que nos muestra en este primer volumen, es algo tan brillante como extrapolable a una realidad en la que hay países que todavía pisotean los derechos de la mujer con absoluta impunidad pero cada vez con un mayor nivel de protesta. La rebeldía que hay en Witchy se asemeja, en la distancia, con las protestas en Irán o el pavor que despiertan ciertas realidades en Afganistán. Y no, no es este un panfleto político o social, ni mucho menos, pero destaca lo que nos ofrece también por esa misma vía, una que humaniza a los personajes y complementa a una fantasía más que interesante.
Witchy, en todo caso, es fiel a su género. Es una historia de magia y fantasía, una en la que una tragedia inicial se convierte en el motor sentimental de su joven protagonista y que marca todo su viaje del héroe, que en realidad no es tal. Es, más bien, la historia de una rebeldía continua. Hay miedo a la magia en un mundo en el que está totalmente aceptada, hay un dolor pasado que no se cura y hay muchas emociones presentes en el relato. Ries tiene claro que su historia tiene fuerza en tanto que su protagonista la tenga en los diferentes estadios por los que pasa, y el retrato que hace de ella es tan minucioso y sobresaliente como el que hace de todo el mundo que rodea a la muchacha. Al final, no es Witchy una aventura con demasiada acción, algo que se ve más en el último tercio del libro, pero sí es constante la sensación de que están pasando cosas a nivel emocional, que con lo que dice y con lo que esconde la actriz principal de esta aventura se pueden entender muchos de los elementos que configuran este universo. Universo, por cierto, más que eficaz, que cumple con todo lo que le puede pedir un aficionado al género pero sin que se ponga por encima de los grandes temas que se asoman a la historia o al mismo papel de su protagonista. Y cuando hay acción, es buena. Cumple con lo que necesita el relato, la heroína, el villano y quienes juegan un papel en este viaje.
Se nota en el dibujo el pasado de Ries como animadora. Es un tópico, sí, pero es cierto que la formación en la creación de imágenes en movimiento ayuda mucho cuando se trata de crear universos de fantasía. En realidad, casi todo, aunque sus lenguajes sean distintos en algunos sentidos, pero cuando hay que apuntalar mundos imaginados como el de Witchy parece ser un elemento que juega a favor del resultado final. Aquí lo hace, desde luego, porque de esa manera la autora sabe dotar de humanidad a los personajes, generando esa necesaria empatía con el lector según vamos conociendo más sobre la protagonista. Y su narrativa visual es tan impactante que puede permitirse el lujo de colocar uno de los momentos climáticos más exuberantes del género en los últimos años en medio de un tercer capítulo de un primer libro que llega hasta los cuatro. No vamos a desvelar la importancia de ese momento, pero desde luego es la cumbre de lo que Ries nos ofrece en este primer volumen de Witchy, Y eso que en general el trabajo es bastante notable y su mundo es uno de esos en los que da gusto perderse. Ojalá el segundo volumen mantenga esa frescura, ese atrevimiento, esa imaginación y esa manera de crear ficción a través de emociones que resultan tan fácilmente reconocibles para cualquiera.
Oni Press publicó originalmente el primer volumen de Witchy en 2014. El contenido extra lo forman un dosier de bocetos y una galería de fanart.
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