Guion: Fernando de Felipe.
Dibujo: Fernando de Felipe.
Páginas: 112.
Precio: 23 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Junio 2022.
Quien haya leído algo sobre el origen del Joker, habrá visto que una de las influencias que se suele citar con frecuencia es el aspecto del Conrad Veidt en la película El hombre que ríe, dirigida en 1928 por Paul Leni. Aquella, lógicamente, era una adaptación de la novela de Víctor Hugo, como lo es esta particular revisión de la misma que hizo hace ya tres décadas Fernando de Felipe. Particular porque es libre, porque cambia por completo el escenario y porque, aún manteniendo la esencia de la obra de Hugo, esta es puramente de su autor en muchos sentidos. La diferencia esencial es que el cómic va directo al grano. Le interesa el drama, la contundencia con la que se exhibe, y no tanto los escenarios, la puesta en situación, aunque eso se pueda ver claramente a través del poderoso dibujo que nos ofrece. No es lo que uno esperaría de una adaptación de alguien como Hugo, pero es que De Felipe tampoco es el autor que imaginamos recurriendo habitualmente a la literatura clásica. Por eso, la recuperación de esta obra es toda una rareza, un acto de justicia con el autor, con la misma historia que nos cuenta y con su origen de revista, un formato que tantos momentos de gloria dio al lector de nuestro país y que sirvió de plataforma inicial para tantos autores. Todo ello hace de este libro un trabajo más que reivindicable.
De Felipe no tiene ningún miedo en adentrarse en terrenos oscuros y tenebrosos, en hacer del sufrimiento y la humillación el motor absoluto de su narración. Sus personajes están desfigurados, con la sonrisa del protagonista pero también por la ceguera de la niña con la que se encuentra en brazos de su madre muerta. No hay que imaginar demasiado para saber que este escenario abre la puerta a un mundo lleno de crueldad y vileza, en el que ninguno de los dos encontrará la felicidad. Puro Víctor Hugo, desde luego, pues al autor siempre le interesó la diferencia entre los estratos sociales, y más cuando afecta a personajes que por su físico se veían abiertamente marginados o burlados. Gwynplaine no es Quasimodo, pero desde luego comparte algunos rasgos con él. La apuesta, desde luego, tenía muchos riesgos para un De Felipe que, en aquel momento, no había hecho ninguna obra como autor completo, pero salió de ella bastante airoso. Es una atractiva adaptación, desde luego distinta a cualquier otra que podamos ver o leer de la referencia original, pero a la vez es también un tebeo muy personal, pensado para un público mucho más generalista que el que normalmente lee a Hugo, y de toda esa mezcla de elementos salió algo notable. Y si fue así es porque los personajes emocionan más allá de cualquier referente o parecido. Son personajes de El hombre que ríe, de esta versión, no de ningún otro lugar, y la empatía que generan es brutal.
No seríamos del todo justos, en cualquier caso, si no destacáramos que la razón principal para asomarnos a una obra de De Felipe es siempre la visual. En este caso, el dibujo acompaña al tono de la obra de una manera casi prodigiosa, oscura y violenta. Se siente en cada página la situación en la que estamos, en un entorno medieval frío y descarnado, en el que los protagonistas malviven y tratan de sobrevivir. Podemos trazar referentes, y él mismo se encarga de desgranar algunos en la entrevista que sigue a la historia en esta edición, pero habría que hacerlo dejando claro que De Felipe las interioriza hasta tal punto que las convierte en algo nuevo y diferente. El hombre que ríe no es una evolución de nada en concreto, sino la explosión de algo distinto y casi fuera de cualquier tiempo y lugar. La composición de las páginas, en su forma y en sus colores, es una sorpresa continua, y un elemento por el que es más fácil entrar en el relato que por el texto, aunque manteniendo los dos una simbiosis bastante bien equilibrada. La obra tiene especial significado por lo que comentábamos, porque daba paso al De Felipe autor completo, pero hoy en día sigue siendo una pieza a admirar y a descubrir, en su totalidad y en sus destalles, que es seguramente donde más y mejor podemos desgranarle como autor.
El hombre que ríe se publicó originalmente en la revista Zona 84 en 1992. El contenido extra lo forman una entrevista con Fernando de Felipe y una galería de bocetos e ilustraciones.