Guion: Jeff Lemire, Matt Kindt.
Dibujo: David Rubín.
Páginas: 192.
Precio: 28 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Mayo 2022.
El cómic es un medio maravilloso, como maravilloso es que haya obras como Cosmic Detective que nos lo recuerden con tanta brillantez. Lo que en apariencia es un relato noir de ciencia ficción, es en realidad algo mucho más profundo, como siempre exige el género en sus picos más memorables. Y lo que parece un libro que se lee con cierta rapidez por la gigantesca libertad que Jeff Lemire y Matt Kindt dan a David Rubín para que acometa un tebeo de semejante personalidad, se convierte en uno de esos volúmenes a los que podremos volver de manera recurrente y descubriendo además nuevos detalles en cada lectura subsiguiente. Obra de género, ese noir de ciencia ficción del que hablamos, pero a la vez obra de muchos matices y de conceptos elevados. Lemire y Kindt, que escribieron el guion a medias y por turnos, lo que habla de una sintonía superlativa que deja en manos del lector decidir a quien corresponde cada parte del relato, juegan sin miedo con dioses y hombres. Y Rubín da forma a todo desde su conocido estilo con una brillantez que va desde el diseño de un mundo fascinante hasta la ejecución narrativa de unas páginas que quitan el aliento. Para ellos puede ser lo normal un resultado así, pero para el lector es una delicia descomunal, ahora y con pocas dudas de que seguirá siendo así en futuras relecturas.
Sin entrar en adivinanzas sobre la autoría de cada parte, lo que resulta más elogiable desde el principio en Cosmic Detective es la cohesión de una historia muy ambiciosa, da igual que esté hecha con acuerdo o con simple complicidad autoral, si es que eso se puede considerar simple. Hablamos de la muerte de un dios como motor del relato, y las implicaciones que tiene a partir de ese descubrimiento son gigantescas. El gran acierto es que todo lo vamos viendo a través de los ojos de un hombre, el detective que da título a la obra, que es quien nos va guiando a través de los acontecimientos. Los descubrimos al mismo tiempo que él, y por eso la empatía juega a nuestro favor. Está la existencia de su familia, lo que borda un escenario personal que crea un lujoso contraste con ese nivel mucho más elevado, no solo el de los dioses sino incluso el de la cábala secreta para la que trabaja el detective. Hay tantas capas en el relato que desgranarlas es una labor apasionante, que contrasta (otra vez usamos este verbo) con el alto ritmo que exige una historia detectivesca como esta, en la que se precipitan los acontecimientos según el protagonista va encontrando y siguiendo pistas. Funciona la parte noir, la de ciencia ficción e incluso la más intangible y filosófica, que es la que nos conduce a la elección climática que tiene el tebeo.
Con la particular forma en la que el cómic se escribió, y sabiendo que Rubín comenzó a diseñar el mundo de Cosmic Detective cuando el guion no estaba acabado, ver el resultado final es gloria pura. Rubín es un artista descomunal y especial, dotado de un talento exquisito para que lo extraordinario parezca realista y para que el movimiento sea siempre único, independientemente de que sea algo común o algo extraordinario. Y es también un narrador brutal, que convierte en algo fascinante hasta el sonido repetitivo de unos pasos, que tiene una de las composiciones de páginas más impresionantes y reconocibles aún desde la divergencia no solo con respecto a otros de sus trabajos sino dentro de un mismo mundo. Es imposible aburrirse con páginas de Rubín, y más si escritores como los firmantes de Cosmic Detective saben aprovechar su talento dándole el espacio suficiente para que el dibujo cobre vida de forma única y complementaria. Cuando el cómic, o cualquier otra arte narrativa se asoman a conceptos tan elevados se corre el riesgo de perder al lector, pero cuando hay autores tan buenos detrás de estas obras ese temor desaparece. Y no es que simplifiquen nada para que lo entendamos, no. Es que, insistimos, son así de buenos. Por eso hacen cómics de este calibre. Una maravilla.
El contenido extra lo forman una galería de diseños de David Rubín y el argumento de varias páginas de Jeff Lemire y Matt Kindt.
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