Título original: Transformers: War for Cybertron – Siege.
Director: Takashi Kamei, Kazuma Shimizu, KOJI.
Reparto: Marqus Bobesich, Jeanne Carr, Erin Ebers, Jake Foushee, Joe Hernandez, Jason Marnocha, Justin Luther, Frank Todaro, Andy Bernett, Sophia Isabella, Jessica DiGiovanni, Bill Rogers, Joe Zieja, Edward Bosco, Rafael Goldstein, Krizz Kaliko, Aaron Veach, Kaiser Johnson, Jonathan Lipow, Miles Luna, Beau Marie, Mark Whitten.
Guion: George Krstic, F.J. DeSanto, Gavin Hignight, Brandon Easton.
Música: Alexander Bornstein.
Duración: 25 minutos por episodio.
Estreno: 29 de julio de 2021 (Estados Unidos / España, televisión).
La conclusión de la Trilogía de la guerra por Cybertron, Reino, deja sensaciones encontradas, como en realidad ha hecho esta redefinición del universo de Transformers desde el principio. Encontradas porque, por un lado, es eficaz en su propuesta de base, la de ir unificando distintos elementos de la franquicia, en este caso los robots tradicionales con los protagonistas de una de las encarnaciones más populares de su universo, Beast Wars. Eso permite jugar a los guionistas con tres revisiones del héroe principal, Optimus Prime, y otras tantas del villano, Megatron. Pero el clímax que se alcanza por ese camino, uno que de hecho invalida la historia más clásica de los Transformers, la de los Autobots y Decepticons aterrizando en una Tierra ya poblada por los humanos, que ni siquiera llegan a tener un papel en esta historia, tiene otra consecuencia más notable y que, de hecho, resta potencia al conjunto: un final no solo abierto sino que supone un preludio de algo que está por venir. ¿Tiene demasiado sentido crear una trilogía con una estructura tan clásica para que un villano superior a todo lo que hemos visto quede para una escena postcréditos? Eso es lo que cada espectador tendrá que decidir, desde luego, pero parece dejar una cierta sensación de inconcreción, de huida hacia adelante, de acción con un trasfondo innecesariamente filosófico que no soluciona gran cosa.
Dicho esto, es evidente que una aventura entre Transformers y Beast Wars es interesante y entretenida. Ya es algo habitual que una franquicia, la que sea, juegue con personajes de distintas realidades. Lo hemos visto en Marvel, en DC, en los Masters del Universo y en las Tortugas Ninja, no hay razón por la que esto mismo no pudiera funcionar en el universo de los Transformers. La aparición de los Beast Wars es el golpe de mano que se guarda Reino para que la expectativa de enlazar esta trilogía con el arranque de la serie clásica de animación salte por los aires. Y eso, en realidad, no es ni bueno ni malo en sí mismo, es una buena solución para que la acción tenga un papel más definido que en las dos entregas anteriores de esta trilogía. Cierto es que el propósito de esta serie en tres partes ha sido más bien el de ir introduciendo conceptos pretendidamente más elevados, pero eso hace tiempo que quedó claro que no genera tanto como seguramente esperaban sus creadores, y nos lleva a territorios en los que es más fácil dejarse llevar mientras los combates se suceden que a un análisis más sesudo de esta guerra interminable o del verdadero poder de esa fuerza que da coherencia y sentido al universo Transformer. Es curioso que tratando de expandir esas ideas se logre menos que en las versiones más clásicas e ingenuas de este mundo.
Y es que ese es, probablemente, el gran defecto que afecta a la Trilogía de la guerra por Cybertron desde el principio, que apuesta con ambición y se olvida de lo que realmente funciona en esta franquicia de una manera evidente. Al final, ahí están los Autobots y los Decepticons, de la misma manera que en este acto final están los Maximals y los Predacons, y es imposible no entrar en el juego que propone la serie. Pero entre todo lo que hemos mencionado y un estilo de animación que no está pensado, como sí lo estaba en muchas propuestas anteriores, para que los más pequeños se enganchen a esta franquicia, el resultado de la trilogía acaba por debajo de lo que se podía esperar. Sobre todo, hay que insistir en este punto, porque estamos hablando de un total de18 episodios de casi media hora de duración que, al final, se conciben como un prólogo, como el arranque de algo más, como el inicio de, al menos, una batalla final que no sabemos en cuánta extensión nos contarían los creadores de esta serie. Hace tiempo que la industria cultural apuesta por anunciar el futuro en lugar de narrar como si no hubiera un mañana, y hay productos que lo olvidan con demasiada fuerza. Este es uno de ellos, por mucho que, parece evidente, cualquier aficionado de Transformers lo vea y encuentre elementos para disfrutarlo.
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