Guion: Pepe Gálvez.
Dibujo: Manuel Granell, Sento Llobell.
Páginas: 192.
Precio: 19,90 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Abril 2022.
Es casi descorazonador, un poco entre todos pero con culpables claros que habría que señalar, que hayamos reducido la historia de España en el siglo XX a un enfrentamiento que hemos heredado entre nuestros días como si fuera igualitario, como si dos facciones idénticas hubieran combatido en buena lid, una hubiera ganado y de repente hubiéramos entrado en un periodo de reconciliación espontánea. No fue así, y se agradece mucho, dado el periodismo no lo hace y si la historia apenas consigue abrirse paso entre el ruido mediático, que la narrativa popular sí esté sabiendo llenar ese vacío. Ahí entra claramente ¡Cava y calla!, la biografía que han hecho Pepe Gálvez, Manuel Granell y Sento LLobell de Marcelo Usabiaga, a quien en el subtítulo ya se retrata como Luchador antifascista. La novela gráfica que tenemos en nuestras manos tiene mucho de historia real y más todavía de testimonio, aunque su protagonista ya no esté con nosotros para recordar durante su lectura. Y por eso mismo, tiene mucho de necesario, porque esta es una parte de la historia que el bando ganador de la Guerra Civil española quiso enterrar. No lo ha conseguido y ya no lo va a conseguir. Y al margen de su militante, en todo caso vital, el de Gálvez y Gramell es un buen trabajo narrativo, que acierta en su manera de contar la historia y en el carisma casi casual que da a su protagonista.
Solo con la maniobra de ponernos en la primera página a Usabiaga ya mayor, recordando los tiempos que se van a narrar en el relato y, sobre todo, introduciendo su título, Gálvez nos gana, nos interesa, y nos mete de lleno en la historia. ¿Y cuál es esa historia? La de Usabiaga, claro, pero a la vez la de España, la de una España que no hemos visto en realidad en los libros de texto. Esta es una realidad que solo conocen de verdad quienes nos la hayan contado de primera mano, nuestros abuelos y bisabuelos. Y por esa razón es una realidad que debemos preservar. Gálvez se mete con pasión en el relato, y sabe darle equilibrio a pesar de su extensión en el arco vital de su protagonista, de lo variados que son sus escenarios, los físicos y los anímicos, y de la mezcla entre cartuchos de texto y diálogos con el que avanzan los acontecimientos. El escritor hace que Usabaga sea una figura notable, de las que cuentan incluso partiendo de un cierto anonimato, casi de una pequeña intrascendencia en la gran historia que le rodea. Y aún así, todo importa, todo tiene significado, todo ayuda a entender una España violenta y dividida, en la que incluso lo más cotidiano puede esconder un peligro mortal para Marcelo, que aún así sabe caminar en la vida y en su lucha. Eso da mérito a la historia, notable en todo momento.
El dibujo de Granell, con la dirección artística de Sento Llobell, aporta las dosis de humanidad necesarias a la historia, las que hacen que no estemos ante un libro de texto sino ante la vida de una persona que, en aquellos años, podría haber pertenecido a otras muchas personas diferentes. Mediante el blanco y negro, el ilustrador sabe darle el tono documental que hace tanta falta para que nos tomemos en serio lo que para algunos seguramente será algo ideológicamente imposible de creer y que sin embargo sucedió. Granell realiza un trabajo espléndido a la hora de situar el relato, de darle escenarios reales, pero sobre todo de entender su significado político y social. Con un trazo intencionadamente desdibujado, logra todas las sensaciones que necesita en la viñeta, todo el movimiento y toda la conexión emocional que necesitamos establecer con Usabiaga. Y sí, todo eso sucede en ¡Cava y calla! de una manera bastante natural, lo que confiere a la novela gráfica un aura bastante poderosa. El protagonista tiene que callar, nosotros, simplemente, leer, pero el resultado es el mismo, porque estamos recibiendo una lección de historia por la que todos tendríamos que pasar. Su formato de cómic no hace más que ayudar a que nos sintamos dentro de la historia y, sobre todo, al lado de su protagonista. Como decíamos, es un buen trabajo, histórico y documental, desde luego, pero también narrativo.
El contenido extra lo forman una introducción de Garbiñe Bourrun Mancisidor, un epílogo de Luis-Vilar Sancho y una galería fotográfica.
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