Guion: Chiriro Watanabe.
Dibujo: Chihiro Watanabe.
Páginas: 192.
Precio: 8,95 euros.
Presentación: Rústica con sobrecubierta.
Publicación: Mayo 2022.
Hay en Pygmalion ideas muy sugerentes como para engancharse a su lectura, pero sobre todo es una serie que destaca por algo muy concreto: el ritmo. Se trata de asistir a una escalada progresiva de violencia y sorpresas, de ver cómo las mascotas se convierten en unos animales de desatada violencia y un aspecto cada vez más grotesco, y de ir entendiendo que detrás de todo esto hay un plan que afecta a los dos jóvenes huérfanos a los que seguimos en estas páginas, que son quienes van descubriéndonos lo que acontece en esta masacre. Opera prima de Chihiro Watanabe, se nota que es en el ritmo en lo que quiere destacar para dar forma a esta masacre continua, en la que todo parece posible hasta llegar a ese inevitable final abierto que nos tiene que conducir hasta el siguiente número. El protagonismo juvenil funciona bien como contrapunto en un mundo turbio y hasta insano, en el que cuesta ver por dónde va a seguir avanzando la historia y cuál es la siguiente sorpresa que nos vamos a encontrar. Es cierto que eso desemboca en un cierto caos, en el que por momentos nos tenemos que dejar llevar sin saber muy bien hacia dónde lo estamos haciendo. Es obvio que el misterio juega un papel fundamental en el relato, y Watanabe no quiere desvelar demasiado pronto una conclusión que tiene que coronar de una manera adecuada una propuesta muy intensa.
Pygmalion busca esos escenarios de manera muy consciente. Su propósito es que nos sintamos tan confundidos como los muchachos protagonistas, que no sepamos por dónde nos vamos a encontrar el siguiente peligro, que estén en un shock permanente por la violencia inusitada a la que tienen que hacer frente, y eso es lo que nos va llevando de secuencia en secuencia, sin saber qué van a hacer estas criaturas salvajes que alguien parece haber activado con un siniestro propósito y que en este primer volumen son más bien agentes del caos que Watanabe usa precisamente para eso, para que cada página pueda esconder algo que sorprenda al lector de una manera rotunda. No hay medias tintas, no hay contención a la hora de desplegar la violencia, y la larga secuencia final de este primer volumen es por muchos motivos el ejemplo más claro de esta manera de contar la historia. Tampoco hay un realismo marcado, porque al final a Watanabe le interesa que Pygmalion tenga un escenario a todas luces indefinido, en el tiempo, en el espacio e incluso en sus normas sociales. Su pelea no es de clase o social, aunque la excusa por la que se desata la furia de estos animales pueda parecerlo, sino que es una supervivencia clara. Por eso encaja tan bien que los protagonistas sean niños, la empatía es mucho más fácil con ellos.
Si hablábamos de ritmo y violencia, es evidente que visualmente la serie tiene que ser una apuesta contundente. Y desde luego lo es, Watanabe no se guarda absolutamente nada, ni en la amenazadora presencia de las criaturas, siniestra y exagerada, aunque eso mismo descarta que lo cotidiano pueda ser un arma de terror en su historia, ni en los devastadores y sangrientos efectos de sus ataques. Es ahí donde Pygmalion quiere impactar, y lo consigue, es en esas escenas cuando la historia acelera de una manera clara y hace del ritmo, también visual, algo destacado y trascendente. La claridad que pueda faltar en la historia, la que es evidente que Watanbe se guarda para cuando llegue el momento de las explicaciones, contrasta con la locura visual que propone, y que logra con relativa facilidad. Watanabe debuta por tanto con una propuesta que busca satisfacer emociones fuertes y que destaca mucho más por su dibujo que por su historia, por lo menos en su arranque y siempre dejándolo todo abierto a lo que pueda ofrecer en el resto de la historia. La base es atractiva, desde luego, precisamente porque sabe entrar en un escenario de terror sugerente, lo que hace que pueda prescindir de farragosos textos que pudieran retrasar lo que de verdad llama la atención aquí.
Mag Garden comenzó a publicar Pygmalion en 2016
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