Guion: Camille Vannier.
Dibujo: Camille Vannier.
Páginas: 112.
Precio: 12 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Marzo 2022.
Vivimos en un mundo muy, muy liberado en cuestiones de sexo y aunque de vez en cuando surja alguna polémica mediática, uno de esos debates que suenan a rancio, lo cierto es que es algo imparable. El sexo es vida, que decía aquel antiguo eslogan comercial, y también es comedia, sencillamente porque forma parte de la vida. De ahí surge Sexo de mierda, que es la mejor manera en la que podemos reírnos de todo aquello que puede sucedernos durante el sexo. Y no, no habla de disfunciones, accidentes o circunstancias más o menos dañinas, sino que Camille Vannier se limita a recopilar anécdotas y situaciones que suenan imposibles pero que se venden como cien por cien reales. Todas contadas en primera persona, aunque no todas las vivió la autora como tal y se apresura a decir que son propias y ajenas, pero todas contadas desde el paraguas de la realidad, lo que nos habla, precisamente, de esos que hablábamos al principio, de la enorme libertad sexual de la que en condiciones normales podemos disfrutar, a veces incluso sin ser conscientes del todo sus protagonistas de que hay otra persona con la que se está viviendo ese momento. Esa es la gracia, y probablemente también la paradoja, de Sexo de mierda, que es sexo, que es maravilloso, pero que a la vez es algo traumático y que se puede contar con la idea de que sea algo extravagante.
Vannier define el contenido de su libro como una colección de lamentables anécdotas sexuales. Y desde luego que lo son, habla de escenas que no son fáciles de vivir, precisamente por todo lo que supone, y que seguro que tampoco han sido fáciles de contar. Se antoja tan interesante en Sexo de mierda el divertido contenido que vemos como el proceso de documentación para este libro, y quién sabe qué situaciones se han podido quedar fuera de este centenar de páginas que tan bien hablan de las miserias de aquello que todos buscamos para ser un poco más felices. Sexo de mierda habla de las rarezas del ser humano, de lo que somos capaces de hacer cuando perdemos el control, de nuestras manías más íntimas, de lo diferente que unos y otros vemos el mundo. Y todo con el vehículo del sexo, con la desnudez como testigo y con un tono desinhibido y sincero, que no tiene miedo a que alguna de estas situaciones sea más ridícula a ojos del lector de lo que lo fue para su protagonista, sea o no la autora en cada caso concreto. Hasta resulta divertido, si se entra en el juego con sinceridad, discernir cuáles de esas anécdotas son propias y cuáles son las que le ha contado un amigo o una amiga. El libro es una colección de gags, no una historia secuencial, y es probablemente la mejor manera de contar algo como esto.
Para plasmar en la página todo lo que quiere contar, Vennier huye de estilos realistas y se mete de lleno en la caricatura gráfica. Quizá eso ayuda a que nos tomemos a risa el contenido, quizá es una barrera personal para que sus propias anécdotas se mezclen con las de otras personas, pero lo cierto es que es parte esencial del espíritu del libro. Hay en Sexo de mierda mucha caricatura y hasta mucha fantasía, lo cual le da hasta un punto de normalidad a los asombrosos momentos que retrata o lo maniático que puede resultar el comportamiento de algunos de los personajes que vemos. Todo parece muy básico en Sexo de mierda, y seguramente hasta lo es, de forma buscada y consciente. Si el sexo es libertad, la manera de contarlo también que amoldarse a esa forma de ver la vida y el arte. Con estas ideas en mente, Vennier crea lo que casi podríamos definir como el libro definitivo sobre el mal sexo, con malas parejas, en lugares horribles, con propósitos que no son del todo loables, pero siempre sabiéndose reír de todo aquello que puede salir mal cuando decidimos libremente, como personas adultas, con quien queremos mantener una relación carnal. Y hasta nos lo podemos tomar como un libro de autoayuda para saber qué debemos evitar cuando hay urgencias, hablar con tanta sinceridad también tiene ese efecto.
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