CÓMIC PARA TODOS

‘Inferno. Hamburgo en vertical’, de Philippe Pinard y Antoine Crespin

Editorial: Norma.

Guion: Philippe Pinard.

Dibujo: Antoine Crespin.

Páginas: 48.

Precio: 17 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Abril 2022.

El cómic, como cualquier otro medio visual, tiene un enorme poder narrativo para que el lector, como el espectador, pueda sentirse dentro de una situación concreta. Este es el evidente objetivo que tiene Inferno. Hamburgo en vertical, que la sensación del lector sea la de estar viendo de una manera nítida, clara y cercana el bombardeo de Hamburgo en la Segunda Guerra Mundial. Philippe Pinard y Antoine Crespin nos suben a bordo de un bombardero británico y nos tiran de cabeza al infierno que describe el título. ¿Lo consiguen? Desde luego, el resultado es el que buscan, uno descriptivo, casi documental, hipnótico a nivel visual, sobre todo en su segunda mitad, la que desarrolla uno de los bombardeos sobre la ciudad alemana. Se trata deber la guerra desde el aire, a la altura de los aviones de guerra más sofisticados de la época, por debajo de ellos y también por encima. No es que los autores nos propongan algo realmente novedoso, aunque tampoco es un ángulo demasiado explorado, pero sí tiene la eficacia necesaria para que el álbum, breve y directo al grano, se resuelva de una manera satisfactoria, que presume de plasmar en la viñeta un avión emblemático en una situación extrema. La máquina y el escenario se imponen sobre los personajes, aunque el guionista trate de dar el necesario contexto al relato.

Dicho contexto, eso sí, es más histórico que humano. No es Inferno una historia en la que sobresalgan los personajes, su humanidad, sus manías o sus defectos. Pinard hace que su principal protagonista sea el avión, el bombardero, y que el enemigo, lejos de ser uno de carne y hueso, ni siquiera blandiendo el poder del nazismo, sea uno de balas disparadas de manera anónima y un fuego aterrador que está por todos lados. Eso es quizá lo más interesante de la propuesta de Pinard a nivel argumental, el hecho de que haya un villano sin rostro, uno que desde luego nace de la mano del hombre, pero al que no se puede personalizar. No merma esto en nada la sensación de estar viviendo en peligro continuo de muerte, pero sí es cierto que termina de eliminar un factor, el humano, que se ha visto como esencial en el género bélico en las últimas décadas. A Pinard le preocupa más una precisión histórica en el vuelo del bombardero y en el ataque a Hamburgo que lograr un carisma arrollados en alguno de los tripulantes de la nave. Marca el escenario, la misión, y los soldados, sin ser anónimos, sí se acercan a esa situación en la que importa más el grupo que las individualidades. Inferno no quiere destacar por ahí, sino en su contexto, lo que marca ciertas distancias con respecto a lo que suele ser habitual en este tipo de historias.

Con este propósito, es evidente que el trabajo de Crespin es más documental que narrativo, y la manera en la que dibuja el bombardero, con un mimo bastante considerable, sí tiene una cierta sensación estática más que dinámica. No es tanto ver el avión en movimiento, sino de verle en un momento concreto, casi congelado en el tiempo, en el que el entorno sea lo más importante. El entorno y cómo encaja el avión en él. Las últimas páginas de Inferno son, de hecho, un marco muy espectacular en el que el dibujo digital cobra vida para generar una atmósfera bastante impresionante. Por eso, más que en el dibujo, el trabajo de Crespin destaca en el color, en la manera en la que el fuego provocado por las bombas rodea al avión, en que las balas se convierten en amenazas silenciosas para el vuelo o en que el cielo alrededor de la nave tiene casi el mismo protagonismo que el avión. ¿Los personajes? Importan menos, Crespin los desarrolla de manera adecuada en las primeras páginas, pero después, como Pinard, tiene claro que lo que importa está en el aire. Inferno tiene esos propósitos, esos márgenes y, si lo queremos ver así, esas limitaciones. En lo que busca sale más que airoso, aunque es cierto que se echa de menos ese toque de cercanía que complemente el factor tecnológico de la guerra.

Paquet publicó originalmente el primer álbum de Inferno, Verticale Hambourg, en junio de 2021.

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Esta entrada fue publicada en 14 julio, 2022 por en Antoine Crespin, Norma, Paquet, Philippe Pinard y etiquetada con , , , .

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