Guion: Luis Quiles.
Dibujo: Luis Quiles.
Páginas: 224.
Precio: 33 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Abril 2022.
Si hay un elemento que destaca por encima de todos los demás una vez que hemos terminado de leer The Lost Boys es la ambición. Y no lo decimos solo por el hecho de que Luis Quiles haya apostado por contar su historia como lo deseaba en un principio, en cuatro álbumes y no en los tres que se le pedían editorialmente, sino por el mismo contenido del viaje que nos propone. Cambiante, casi imposible por momentos. Lo que al principio parece una aventura juvenil, así se entiende en un primer álbum que, eso sí, ya tiene bastantes elementos adultos, acaba siendo algo mucho más turbio y oscuro a todos los niveles. A Quiles no le da miedo cambiar de tercio ni adentrarse en escenarios bastante desagradables para desarrollar un universo que, en sus primeros pasos, se asemeja a otros muchos de los que se asoman al futuro de la humanidad. Aquí le toca convivir entre híbridos y androides, y todos tienen las taras suficientes como para que la situación sea cualquier cosa menos esperanzadora. Pero el juego tiene cabida en el primer álbum. Desde ahí, las apuestas no dejan de subir, porque sus tramas y sus temas son cada vez más complejos y su trascendencia crece. Y el álbum final es un giro que a la vez parece lógico y radical. The Lost Boys, desde luego, no es un tebeo que deje indiferente.
Y si no lo hace es porque Quiles no quiere que nos deje así. Lo primero que busca es convencernos desde el género, desde la propuesta postapocalíptica que nos hace, y desde sus personajes, desde la siempre interesante relación que hay entre diferentes, aquí entre una niña, un híbrido adulto que esconde más temores que certezas y un androide que cuida de la pequeña por encima de su programación. ¿Eso no sucede demasiado novedoso? No lo es, pero interesa. Y el primer álbum, además, hay que asumirlo únicamente como una necesaria introducción a lo que realmente nos quiere contar Quiles. No hay que olvidar que The Lost Boys tiene cerca de dos décadas de vida, al menos en su génesis. Puede que eso tenga algo que ver con el salto que hay en el álbum final, el que el autor se lanzó a concluir para esta edición, pero una vez que se piensa en frío lo cierto es que todo tiene sentido. No es agradable de leer por el mundo que representa, pero es exactamente lo que toca si lo analizamos. The Lost Boys, en todo caso, crece en el segundo álbum, que es donde de verdad se convierte en un relato adulto y lleno de matices, que en sus primeras páginas podían verse como insinuados. Como de la misma manera se insinúan muchas cosas en el tramo central que son las que Quiles explora al final. Por eso la lectura de la obra completa es tan importante.
Siendo la misma obra, sí da la sensación, reflejo de la intrahistoria de la creación de The Lost Boys, que el álbum final corresponde a otra etapa. No obstante, no es algo que le siente mal por el ya mencionado cambio que experimentamos en el tono y en lo que vemos. Se mantiene dentro del estilo de Quiles, pero se nota más maduro y complejo. Insistimos, funciona porque de alguna manera aporta algo de ingenuidad al arranque y de aspereza al final, el mismo viaje que emprendemos en lo temático, lo que hace que se refine también el diseño de la obra en muchos sentidos. La obra arranca en territorios más o menos cómodos, sin arriesgar más de la cuenta, haciendo que híbridos y androides luzcan de una manera más o menos previsible, y las apuestas van subiendo según avanzamos en la lectura y se enturbian sus tramas. La iconicidad de las máscaras al final, combinadas con la desnudez de los protagonistas finales y la brutal radicalización de la historia, en el sexo y en la violencia, hacen que este álbum final deje una huella importante en el lector. Lo que decíamos, no nos vamos a quedar indiferentes con la brutalidad que nos arroja a la cara. Y eso, como poco, habla de un autor que no tiene miedo cuando está convencido de lo que cuenta. The Lost Boys tiene cierta irregularidad, lógica por el paso del tiempo, pero tiene muchas virtudes que ofrecer.
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