Guion: Junji Ito.
Dibujo: Junji Ito.
Páginas: 544.
Precio: 26,95 euros.
Presentación: Rústica.
Publicación: Marzo 2022.
Cuando uno se ha forjado una fama como la de Junji Ito, cada una de sus nuevas propuestas tiene un reto adicional. Siendo un maestro del terror, de él se espera siempre algo contundente y distinto, y lo primero que llama la atención de Las caprichosas maldiciones de Sôichi es precisamente lo cotidiano que resulta. Pero tranquilos, que es solo una sensación temporal. Si en las primeras páginas da la sensación de que su terror es más bien cercano, la obra, estructurada en base a relatos cortos con el mismo protagonista, un siniestro muchacho que juega con clavos, hace que parezcan sus propios dientes y los escupe sin precaución alguna para marcar el territorio ante sus allegados, padres, hermanos y primos. Y desde ese punto de partida va creando un universo propio dentro del ya de por sí rico mundo de Ito en el que cada una de las catorce piezas que componen este libro están en condiciones de sorprender al lector sin miedo alguno a que sus propuestas se puedan escapar. Porque hay rarezas, desde luego, y situaciones que exceden en mucho esa aparente cotidianidad en la que se quiere mover su terror inicialmente. Por eso sigue sorprendiendo y con la frescura que necesita una obra que resulta más ambiciosa de lo que puede parecer en su arranque y que justifica su larga extensión.
Obviamente, el personaje de Sôichi es el que marca absolutamente todo lo que pueda producir este libro, y por eso Ito pone tanto mimo en su representación. Es inquietante, desde luego, pero mucho más complejo de lo que podamos pensar. Le utiliza como elemento discordante de la normalidad familiar, como amenaza en la sombra de alcance imprevisible, al que podemos considerar como autor o como conductor de toda la fantasía oscura que se despliega en sus páginas. Es el villano contra el que luchan los demás, los, digamos, personajes normales (¡cuánto disfruta Ito con esa contraposición entre lo que es normal y lo que no!), pero a la vez es algo más que eso, y hay una ambición a veces tan grande que no duda en recordarnos que, al final, no es más que un niño. No es que genere empatía, pero no se le puede entender sin el conglomerado de emociones que se despliega. Y es que Söichi es un ser bastante primario en sus reacciones, tiene celos, dudas y miedos, a veces simples caprichos, y eso es lo que aporta ese componente de imprevisibilidad que marca la obra. A partir de ahí, como es habitual en Ito, nos creemos lo que nos lance, sea más o menos terrenal, más o menos fantásticos, y el terror se entiende desde ambos puntos de vista con la misma facilidad. Y sin duda funciona.
En lo visual, la presencia de Sôichi es igual de fundamental para que el universo que crea funcione bien. Y es todo un reto, porque hablamos de un muchacho que tiene que tener clavos en la boca de manera continua, simulando sus dientes, creando una imagen siniestra pero que a la vez pueda encajar en ese mundo de belleza perfecta en el que tiene que vivir el personaje. Los horrores que despliega son muy propios del autor, la fantasía oscura nipona es una delicia en sus lápices, y por esa vía cumple sobradamente con las expectativas. Ito es así, es brillante en el género y en la narrativa también, sabe aportar carisma a sus personajes y, por supuesto, contraponer belleza y terror desde un punto de vista visual. Las caprichosas maldiciones de Sôichi despliega un catálogo de ideas bastante interesante, quizá de una forma en la que al conjunto le cuesta un poco más destacar que a sus partes de manera individual pero llegando a su punto álgido en la penúltima de sus historias, cuando se asoma a una suerte de conclusión que, eso sí, no es tal. Y es que Sôichi puede seguir dando toda la guerra que quiera Ito, por mucho que en estas páginas asistamos a una intensidad creciente que hace de esta una obra que cumple con todas las expectativas que podamos tener sobre ella. Ito no suele fallar, y desde luego aquí no lo hace.
El volumen contiene historias publicadas entre 2011 y 2013.
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