Guion: Elizabeth Casillas.
Dibujo: Higinia Garay.
Páginas: 144.
Precio: 17 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Marzo 2022.
Aborto. La palabra que empieza por A es aborto. Digámoslo. Acabemos con el tabú. Aborto. Una y mil veces, tantas como sea necesario, porque la actualidad nos ha demostrado con creces que el debate social que despierta está muy lejos de acabarse. Por eso, y aunque en el momento de su concepción seguramente no fuera tan evidente desde fuera, La palabra que empieza por A es un cómic muy necesario. Elizabeth Casillas e Higinia Garay crean un ensayo de indudable tono periodístico, pero con una ácida mirada hacia el tema que aborda. Las autoras trazan un viaje muy ambicioso por la historia y por la realidad del aborto, por la legal y sobre todo por la social, porque el libro es un grito feminista y reivindicativo con el que se puede conectar con una facilidad tremenda. Eso se debe a que su discurso es tan universal, tan argumentado, tan sólido, que tiene razones muy bien explicadas y a valorar, incluso en los claroscuros que se quieran encontrar dentro de este debate sin fin. No es un libro con el que uno se pueda quedar indiferente, desde luego, y desde luego no es un libro pensado para quienes se dejen llevar por ideas retrógradas. Habrá grados de convicción tras leerlo, desde luego, porque esta obra expone para que pensemos, pero no se puede evitar el pensamiento de que este es un libro necesario para entrar en la conversación.
Si hay algo que La palabra que empieza por A evidencia desde el principio es que tiene un gigantesco trabajo detrás de su gestación. Y uno, además, que no resulta fácil, porque tiene una idea que transmitir, una clara y que no se esconde, el deseo de que el aborto se legal, universal y gratuito, pero sabe que solo se puede construir desde la más absoluta perfección formal para que debatirla exija al menos el mismo esfuerzo. No es un libro fácil en ese sentido, ni en su construcción ni en su lectura, aunque quiera tener un envoltorio accesible, porque uno sale de sus páginas abrumado por realidades que seguramente desconocerá antes de abordar el ensayo. No hace falta decir que ese es un logro de enormes proporciones para Casillas, que da forma a un trabajo complejo y rotundo, que ofrece datos, que rompe mitos, que argumenta y defiende con elegancia, pero que también sabe reunir la ironía suficiente para que los aspectos más negros de la historia y del presente del aborto se puedan asimilar de una manera informada. Es un ensayo, sí, pero también es una historia, un monólogo que tiene tanta convicción como emoción, uno que habla de la última gran victoria, la de la legislación en Argentina, sin ser consciente de que a la vuelta de la esquina estaba otro gigantesco retroceso, el de Estados Unidos.
Con un desarrollo argumental tan potente, es clave acertar en el diseño gráfico de la idea, y Garay entra de lleno en ese juego con su estilo de línea clara y sencilla, uno que se amolda a la perfección a los objetivos del libro. Blanco, negro y rosa nos asaltan de una manera decidida, porque la inmediatez con la que se entienden los mensajes visuales se comporta con la necesaria complicidad con el mensaje. La palabra que empieza por A es un libro que nos entra por los ojos y nos convence por la razón, que tiene una imaginativa puesta en escena que sirve para adentrarnos en la historia del aborto de una forma moderna y cercana, y en la misma realidad de este debate de una manera inmersiva, haciéndonos ser parte de lo que estamos leyendo. Garay sale airosa incluso del retrato que a priori su estilo no tiene como uno de sus puntos fuertes, y se puede reconocer a ciertos personajes incluso cuando no se les cita abiertamente. No tenemos ningún género de dudas, la importancia que tiene La palabra que empieza por A trasciende su narración de cómic. Esta es sólida, brillante por momentos, muy amena en su lectura, pero este es un libro militante e idealista, uno que cree en su propuesta y que está dispuesto a luchar por defenderla. Y eso es algo a lo que estamos obligados a poner en valor, al menos con la misma pasión que ponen sus autoras.
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