Guion: Tristan Roulot.
Dibujo: Denis Rodier.
Páginas: 64.
Precio: 18 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Abril 2022.
Puede parecer algo un tanto accesorio, pero la extensión de un cómic también habla mucho de sus posibilidades y es una decisión que hay que meditar mucho para que el número de páginas sea el que realmente requiere una historia. Normalmente, se suele pecar de ambición y se alargan relatos que podrían haberse contado mejor en un espacio más reducido. El cine sabe hoy de este problema mucho más en profundidad que el cómic, con esas películas extraordinariamente largas para lo que realmente están contando. Pero si hablamos de Arale, la cuestión nos lleva al otro lado del espectro. Da la sensación de que la obra de Tristan Roulot y Denis Rodier habría necesitado de más páginas para alcanzar todo lo que su sugerente planteamiento pone sobre la mesa. Es una pena que un dibujo tan brutal como el de Rodier, un nombre que hay que tener subrayado en rojo después de su trabajo en La bomba (aquí, su reseña) no siga durante más tiempo y que las tramas no tengan más recorrido para sacarles partido. En el formato en el que nos llega, el del álbum autoconclusivo, hay que reconocer que sabe a poco, aunque se pueda extraer mucho jugo de sus páginas, más seguramente por la belleza plástica que nos ofrece el ilustrador que por la ejecución final de unas ideas, las del escritor, que en todo caso son buenas y sugerentes.
Roulot presenta personajes fantásticos, pero apenas nos da razones para quererlos o tenerlos, traza relaciones entre ellos que no terminan de desarrollarse en toda que extensión, y quizá sea por ahí por donde las buenas raíces que tiene Arale queden algo diluidas, un tanto aplastadas por la excelencia de su dibujo, algo en lo que entraremos más tarde. Magia, propaganda y el clásico juego de tronos ambientado en la Rusia de los primeros años del siglo XX forman un escenario de lo más apetecible y está muy bien planteado, ahí sí hay un acierto notable del autor, pero se echa en falta algo más. Algo más de Rasputín, de la bruja que se ve que ha estado de su parte pero que ahora sufre condena, más de Kyril, el héroe de guerra perfecto que cree ciegamente en su Gobierno, y más también de Saskia, su mujer, la fuerza que tiene que encontrar una salida a la trama. Sobre el papel, y seguro que también hablando con Roulot, no se pueden poner demasiadas pegas a lo que son estos personajes y al papel que juega m en el relato que propone. Pero cuando este va arrancando, de alguna manera parece que no termina de hacerlo, al menos no para que lleguemos a considerar esta como una obra redonda. No lo es, pero sí es una buena base para imaginar más allá de la lectura, como suele pasar con las ucronías históricas que están bien planteadas.
Donde no se puede poner pega alguna es en el dibujo de Rodier. Ya hablamos en La bomba de su gigantesca capacidad para mostrarnos un dibujo de corte clásico que fuera capaz de explotr todas las virtudes de una historia, pero es que en estas páginas no defrauda lo más mínimo con un escenario que nada tiene que ver con aquel, demostrando una maravillosa versatilidad que solo puede darnos muchas más alegrías en el futuro, cada vez que veamos el nombre de Rodier firmando un tebeo. Sigue manejando bien esa atemporalidad tan característica de su estilo, encontrando conexiones emocionales y artísticas en las viñetas americanas de los 70 y de los 80, y el color no supone para él obstáculo alguno, al contrario, Bruno Tatti realza mucho los lápices del ilustrador hasta conseguir que la inmersión en la historia sea absoluta, por encima de la misma historia que estamos leyendo. Da igual que sea el retrato de los protagonistas, lo que documentalmente se puede sacar de los libros de historia o lo que imagine dentro de esta fantasía, Rodier consigue que todo luzca de maravilla en las páginas de Arale. Lástima, ya lo decíamos, que no haya más espacio para que la historia respire y crezca, porque da la sensación de que podría haber llegado mucho más lejos. Aunque no lo haga, sí deja un más que digno entretenimiento, que además sobresale a nivel visual.
Dargaud publicó originalmente Arale en mayo de 2018.
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