Guion: Cary Bates.
Dibujo: Alex Saviuk, Don Heck, Irv Novick, Rich Buckler, John Calnan.
Páginas: 280.
Precio: 31 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Marzo 2022.
¿Tiene que pasar el tiempo en la vida de un superhéroe? Los problemas que puede provocar esa transición seguro que no estaban en la mente de quienes imaginaron sus primeras aventuras, y si hay un problema evidente en el devenir de estos personajes es el de su vida sentimental. Si hay una pareja, puede haber boda. Y si hay boda, puede haber hijos. ¿Y qué pasa entonces? Que el personaje cambia y las editoriales se asustan. El caso de Gwen Stacy con Spiderman es paradigmático en este sentido, pero La muerte de Iris West no se queda a la zaga en la historia de Flash. Cary Bates orquestó un salto a la madurez evidente en Barry Allen desde parámetros que hoy probablemente puedan entenderse hoy como de cierta ingenuidad, pero a la vez muy impactantes. Iris no solo se va tras una crisis matrimonial notable, sino tras decisiones de la pareja que amenazaban con dar un paso más dentro de este proceso de maduración. Y eso, aunque hoy pueda parecer trivial dentro de las clásicas tramas superheroicas que van concatenando villanos y problemas personales a partes iguales, demuestra que Bates tenía un plan bastante atractivo. El paso de los años le ha sentado bien a este cómic, y aunque en muchos aspectos no tenga el impacto de La muerte de Gwen Stacy, sí puede presumir de tener la misma vigencia en los temas que plantea.
Lo cierto es que es una delicia leer una serie como Flash con la mirada de entonces, la de finales de los años 70, cuando DC trataba de encontrar el mismo eco social que los cómics de Marvel y conseguía producir joyas como Green Lantern / Green Arrow (aquí, su reseña) o incluso La muerte de Iris West que tenemos en las manos. Mes a mes, capítulo a capítulo, Bates iba subiendo las apuestas, jugando con villanos que plantaba casi como por casualidad en el devenir del relato y a los que de repente daba un papel crucial en el desarrollo de la trama, tratando un misterio que parecía resolverse pero se abría de nuevo. Flash tiene unos poderes que se ajustan a ideas muy locas, más cuando había un descontrol absoluto en este sentido y una ausencia total de guías de estilo en las editoriales, y Bates las explora casi todas, algunas siendo casi risible hoy en día, pero todas jugando al filo de la navaja en su momento. Flash, pese a su colorido y su aparente grado de locura, no era en aquellos tiempos una serie tan feliz, y el mismo título que con los años se ha podido utilizar para definir esta etapa ya da una idea de cuan dramático llega a ser. Y lo es, además, desde una perspectiva cargada de ironía, escenificando el asesinato más trascendente al que tiene que hacer frente Flash en una fiesta de disfraces plagada de pretendidos héroes.
Son varios los dibujantes que pasan por estas páginas, pero dos se ocupan del grueso de este arco argumental, Alex Saviuk y Don Heck. Da la sensación de que la historia no ha sido del todo justa con el primero, que se hizo popular con Spiderman pero a la vez quedó eclipsado por la irrupción en los títulos arácnidos de Todd McFarlane. Su visión clásica del género sigue siendo deliciosa hoy en día. Aunque lejos de la perfección, su Flash brilla con soltura y sabe explotar los poderes del velocista de la manera en que se podía hacer en aquella época y es eficaz en el drama que se presenta. Heck juega en una Liga bastante parecida, una en la que el cómic de superhéroes podía mantener su colorida forma de ser sin menospreciar los elementos más trágicos y emocionales de la historia. Y aquí, como decimos, hay bastantes, porque en estas páginas cambia para siempre la historia de Flash y, seguramente, la del propio universo DC. No lo hace con la crudeza con la que podría hacerlo hecho dos o tres décadas más tarde, cuando el género se oscureció de tal manera que todo era posible a todos los niveles, pero lo que vino después tiene un claro precedente y referencia en La muerte de Iris West. Puede que haga falta un notable ejercicio de contextualización para capturarlo todo, pero es una maravilla tener la oportunidad de hacerlo.
El volumen incluye los números 270 a 285 de The Flash, publicados originalmente por DC Comics entre febrero de 1979 y abril de 1980. El contenido extra lo forman una introducción de Fran San Rafael y las cubiertas originales.
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