Guion: Suu Morishita.
Dibujo: Suu Morishita.
Páginas: 176.
Precio: 9 euros.
Presentación: Rústica.
Publicación: Abril 2022.
Tiene que haber un momento en el que se acaben las combinaciones posibles y hayamos llegado a ver todo tipo de condiciones físicas y psicológicas como parte esencial del lenguaje de la novela romántica. O quizá no, pero lo que sí parece obvio es que la frescura con la que se acepte cada nuevo argumento tiene que ser por fuerza el elemento definitorio del juicio a un relato. A cuenta de todo esto, en Signos de afecto seguimos los pasos de una tímida muchacha sorda que se enamora sin remedio de un carismático joven de pelo plateado y dones sociales evidentes. Ese enamoramiento es el proceso que nos va contando Suu Morishita a lo largo del primer volumen de la serie, el enamoramiento desde el punto de vista de ella, el de Yuki. Y eso, en realidad, no es algo nuevo ni rompedor, no va a salirse de los cauces del shojo más romántico ni tampoco va a dejar un poso demasiado distinto de lo que podríamos apreciar en otros manga de naturaleza parecida. Pero volvamos a lo de antes, a la frescura. Y esa está más que presente. Siempre tiene una trascendencia social que la narrativa popular maneje personajes con afecciones o discapacidades que ayuden a que lectores que las puedan padecer encuentren esas vías de identificación, pero afortunadamente Signos de afecto elude con cierta facilidad la condición de cuota para contar su historia.
Morishita no necesita salirse de lo más evidente y no engaña a nadie. Esta es una historia romántica sin más vueltas de hoja, una que, simplemente, tiene una protagonista que se expresa en lengua de signos y que, por eso mismo, es la narradora en off de todo lo que vemos. Pero como se trata de entrar en ese mundo sin sonidos por un lado y de descubrimiento de nuevas emociones por otro, el resultado es bastante gratificante. Fresco, por seguir hablando en los mismos términos de antes, y sobre todo con dos personajes centrales bien definidos a los que Morishita cruza con naturalidad y sin forzar, haciendo que en esa primera secuencia cuente y mucho la condición de Yuki y, al mismo tiempo, la muy contrapuesta personalidad de los dos protagonistas de la obra. Sigue Signos de afecto las pautas de ritmo pausado que cabe imaginar en un relato de este calibre, más aún si tenemos en cuenta que no puede haber unos diálogos tan fluidos como lo serían entre dos personas hablantes, pero en ningún momento sobrepasa los límites de lo razonable. Yuki consigue que entendamos sus emociones y al mismo tiempo que comprendamos con naturalidad la forma que tienen los demás de relacionarse con ella, que lógicamente es muy distinta en función de diferentes factores, los mismos que podrían afectar a estos vínculos en la vida real.
Hablábamos de emociones y de cercanía, y cuando entramos en esos terrenos el retrato de los protagonistas resulta esencial para el pleno disfrute de la lectura. Morishita, en este sentido, convence incluso más que en su trabajo como guionista. Yuki es una conductora espléndida de la historia, y en muchas de las viñetas nos basta con contemplar su rostro para saber por dónde van los tiros en cada momento. Hay mucha sencillez en la propuesta en ese sentido, y Morishita se deja llevar por el poder del primer plano, por la misma necesidad que tiene la protagonista de ver a los demás de frente para poder leer sus labios. Es curioso el efecto espejo que esto produce al lector, porque, al final, nosotros el rostros que más vemos es el de la protagonista, casi como si estuviera mirándonos a nosotros en busca de nuestras recciones. Al final se trata de eso, de ver y entender conexiones emocionales y sensoriales, por lo que el espacio pierde protagonismo, no hay escenarios demasiado detallados porque lo que interesa es lo que sienten los personajes, en especial Yuki. Es una buena presentación de la historia, una que acepta y respeta los cánones del género y que sabe desenvolverse desde lo más importante, desde el retrato de sus protagonistas para que estos den entidad al relato, incluso asumiendo que no hay demasiado margen a la sorpresa, al menos no en su presentación.
Kodansha comenzó a publicar Yubisaki to Renren en 2019.
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