Guion: Yumiko Igarashi.
Dibujo: Yumiko Igarashi.
Páginas: 200.
Precio: 9 euros.
Presentación: Rústica con sobrecubierta.
Publicación: Enero 2022.
Estamos muy acostumbrados a ver a las brujas como las malas de los cuentos de hadas, recientemente también como las villanas incomprendidas de toda suerte de relatos, e incluso como fascinantes y casi siempre sexualizadas adolescentes que actúan como metáforas de la rebeldía propia de esa edad para relatos que tengan una conexión emocional directa con quienes se asomen a leerlas. Pero si hay algo que no es frecuente encontrar en la narrativa popular es una niña bruja, al menos no lejos del relato más infantil. Justo eso es lo que vamos a ver en La brujita Mami. Mami, por cierto, es el nombre de la protagonista, una chiquilla de diez años que adquiere sus habilidades de brujería en cuanto cumple esa edad, solo para encontrarse con que hay otra niña en su colegio que tiene habilidades parecidas, pero oscuras. Yumiko Igarashi, en realidad, juega con tonos, temas y sucesos que encajan en el relato infantil, pero tampoco tiene miedo de explorar esa magia oscura con tintes de crueldad infantil bastante marcados, dejando una obra muy curiosa y visualmente ten atractiva como toda su producción, con rasgos identificables pero a la vez singular de este tomo en concreto, divertido, juguetón, movido… y en el que si profundizamos encontramos algún tema mucho más adulto de lo que puede parecer a simple vista.
Si hay algo que marca la lectura de La brujita Mami es un aparente caos. Disfrutable, nada de pensar en que lo caótico arruina la lectura, pero es un caos en todo caso. Pasan muchas cosas, casi sin solución de continuidad, haciendo que la batalla entre las dos brujas juveniles sea cada vez más complicada y adulta en muchos sentidos, pero sin perder la perspectiva de que sus ambiciones y deseos son, literalmente, los de dos crías de diez años. E incluso así, es bastante sencillo entrar en el juego que propone Igarashi y que nos conduce a o largo de todo el manga. Por sus antecedentes, por las obras que hemos leído en España de la autora, puede parecer que no salimos de un mismo universo femenino, pero no es del todo cierto que eso sea lo dominante, aunque en este caso el escenario sea el de un colegio de niñas, porque en el fondo los personajes de Igarashi son muy sencillos de entender y no nacen con la pretensión de segregar a los lectores, sino de entretenerlos desde la empatía. El aprendizaje de la magia, el grupo de teatro, el valor de la amistad… Todas son tramas que funcionan y llegan a este lado de la página, y que van sirviendo de campo de batalla para el enfrentamiento claro y sin ambigüedades que propone la autora para sus dos protagonistas, emblemas claros de bien y mal, de luz y de oscuridad.
Un universo infantil y uno mágico, fusionados para dar vida a La brujita Mami, sirven de excusa más que pronunciada para que Igarashi disfrute con las secuencias en las que la magia entra en juego, pero no olvidemos lo que decíamos antes: este es un manga que se fundamenta en sus protagonistas, por lo que la labor de diseño previo se antoja bastante decisiva para su éxito. Y sí, hablamos de Igarashi, por lo que casi podemos dar por sentado que es fácil encariñarse con Mami y con el resto de personajes. Sigue con bastante fidelidad los pasos necesarios para que sepamos el rol que juega cada personaje solo con verlo, y eso ayuda a que la sencillez de la historia y de los planteamientos se puedan desarrollar con fluidez dentro de ese caos del que hablábamos. La brujita Mami es una historia autoconclusiva correcta, funcional y eficaz que en realidad no tiene más ambición que esa, que satisface el entretenimiento que uno puede buscar en sus páginas y que visualmente engrandece el ya tremendamente atractivo universo de Igarashi. Quién sabe cómo habría sido este mundo de haber nacido con más ambición o con vocación de ser una franquicia, seguro que hoy en día un editor podría haber empujado para que lo fuera, pero si cumple con lo que promete, y lo hace, no se le puede pedir mucho más.
Shogakukan publicó originalmente la obra en 1983.
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