Guion: Karim Friha.
Dibujo: Karim Friha.
Páginas: 112.
Precio: 20 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Marzo 2022.
Han pasado ya unos cuantos años desde que se publicó El despertar del Zélfiro (aquí, aquí y aquí, sus reseñas), y tras una colaboración en Plants Vs Zombies por fin volvemos a tener noticias de Karim Friha en el universo que más le gusta, el suyo propio de fantasía. El Devorador de Ilusión, a diferencia de la historia que le dio a conocer en España, es más breve, es tomo único, pero en todo lo demás las sensaciones son de lo más parecidos: una buena historia de base fantástica pero con elementos accesibles, un fuerte componente emocional que mueve a los personajes, sobre todo en este caso a la joven adolescente cuyos pasos seguimos,, villanos que se mueven a medio camino y con soltura entre los malos de Disney y los de la BD europea y un dibujo muy atractivo en el que funcionan por igual y con mucho equilibrio tanto las atmósferas como los movimientos de los actores. Friha es un autor bastante notable en conjunto y da gusto leer sus obras, que sirven sin reservas como una fantástica introducción a la fantasía de corte oscuro para lectores de edades más jóvenes de lo que suele ser habitual en este género, porque la forma en la que trata las historias, incluso en sus lados más cruentos, hacen que sean ideales para ver que hay un mundo complicado ahí fuera sin necesidad de caer en lo más explícito del terror y la fantasía.
Friha se mueve con bastante soltura en la construcción de historias sin tener la necesidad de encontrar elementos narrativos rompedores o novedosos. No le hacen falta para que sus ideas se asienten sobre las bases adecuadas, y por tanto no se sale de lo que realmente conoce y domina. Eso le honra, y pesa mucho más que la falta de riesgo en ese sentido. De hecho, por momentos podríamos tener la sensación de que El Devorador de Ilusión es algo que podría acontecer en el mismo universo de El despertar del Zélfiro y seguramente no estaríamos muy equivocados. Destacábamos las emociones, y ahí está precisamente la base del relato. Los recuerdos y las ilusiones son el centro de esta batalla entre el bien y el mal, no se puede manejar un concepto más clásico que este, que se introduce con explicaciones que no parecen sobrar en ningún momento aunque retrasen lo que de verdad interesa en esta obra, el viaje de la joven Rachel a un mundo de pesadilla para tratar de rescatar a su madre de la depresión severa que sufre. La mención a la depresión y la forma en la que se manifiesta en estas páginas debiera bastarnos para darnos cuenta de que Friha ha encontrado algo muy real para que sustente su fantasía y de lo que habla con un respeto enorme, que es justo lo que hace falta para que seamos conscientes de su trascendencia.
El estilo artístico de Friha encaja muy bien este tipo de historia porque consigue que nos creamos a personajes tan cercanos y agradables dentro de un mundo mucho más oscuro, y como en El Devorador de Ilusión hay mucho de transformación ligada a ese estado depresivo, el trabajo resulta de lo más estimulante. Aunque en un primer vistazo, y sobre todo en las escenas ancladas en la realidad, pueda parecer que sus personajes son algo estáticos, en realidad es una argucia bastante hábil para que nos centremos en los ojos, en las miradas de los protagonistas y sobre todo en la de Rachel. Es tan fácil averiguar el estado de ánimo de esta joven adulta en cada secuencia que no nos queda más remedio que reconocer que ahí está el verdadero punto fuerte del dibujo de Friha. El Devorador es emblemático, las criaturas que diseña funciona muy bien, los escenarios que introduce y oscurece para adecuarlos al entorno son fantásticos, pero el corazón de El Devorador de Ilusión es el que aporta Rachel en cada secuencia, cuando no cree en la solución que se le ofrece para curar a su madre, cuando muestra una determinación tremenda para entrar en un mundo que no conoce y cuando más cerca está de desfallecer en su intento. Buen tebeo de un buen autor al que nos alegra ver de nuevo moviéndose en los escenarios que más le gustan.
Gallimard publicó originalmente Le Mangeur d’Espoir en septiembre de 2020.
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