CÓMIC PARA TODOS

Cine – ‘Popeye’, de Robert Altman

Título original: Popeye.

Director: Robert Altman.

Reparto: Robin Williams, Shelley Duvall, Paul L. Smith, Paul Dooley, Richard Libertini, Ray Walston, Donald Moffat, MacIntyre Dixon, Roberta Maxwell, Donovan Scott, Allan F. Nicholls, Wesley Ivan Hurt, Bill Irwin, Sharon Kinney, Peter Bray, Linda Hunt, Geoff Hoyle, Wayne Robson, Klaus Voorman, Van Dyke Parks, Dennis Franz, Carlos Brown, Robert Fortier.

Guion: Jules Feiffer.

Música: Harry Nilsson.

Duración: 114 minutos.

Distribuidora: Paramount.

Estreno: 2 de diciembre de 1980 (Estados Unidos) / 18 de diciembre de 1981 (España).

¿Qué esperamos de una adaptación de cómic? Mejor aún, ¿qué se podía esperar a mediados de los años 70 de una película con este material de referencia y cuántas de esas expectativas tendríamos hoy con lo que ya hemos visto en este terreno? Esas dos preguntas resultan fundamentales para poder analizar Popeye. Todos tenemos en la cabeza la tira cómica o las versiones de dibujos animados de este marino que conseguía su fuerza de las espinacas, pero si hoy en día quisiéramos imaginar cómo llevaríamos sus aventuras a la gran pantalla pocos apostarían por lo que se hizo entonces. Popeye es un musical que quiere construirse con una fidelidad visual al original casi inmaculada, dirigido por un artesano como Robert Altman y con un cómico descomunal como Robin Williams como protagonista. Ahí es nada. Sus nombres y sus ambiciones no explican el relativo olvido al que Hollywood sentenció a esta película, que sabe utilizar sus herramientas de una manera inteligente y llamativa, abriendo un camino que el cine quiso dejar cerrado muchos años a la hora de pensar en el comic como materia de referencia. Eso, cierto es, le lleva por los caminos de la rareza al filme hasta tal punto que no es del todo fácil asimilarlo, pero lo se le puede negar un atrevimiento casi pionero a la hora de entender el salto de un medio a otro.

Si hay una adaptación de cómic en la que resulta difícil evaluar sus triunfos y sus errores, es esta. Es verdad que la factura de Popeye es extraña, muy de andar por casa en algunos momentos, hasta el punto de que uno no sabe si es algo buscado dentro del humor gráfico por el que apuesta la película, heredero directísimo del de las viñetas de Popeye. Es tal el mimetismo que se plantea la cinta, que uno no sabe si pensar que se debe a la falta de ideas o a la genialidad de haber encontrado el modo perfecto de dar vida al personaje y a su mundo. El esfuerzo que hace Robin Williams para entender todo el humor clásico, el slapstick y todo lo derivado de la animación es soberbio, y para redondear su trabajo es obligado escuchar en versión original su trabajo vocal, sublime. Y qué decir de Shelley Duvall. Nadie habría podido interpretar a Olivia mejor que ella, por aspecto, también por voz y sobre todo por lenguaje corporal, absolutamente delicioso en todo momento. La pareja protagonista es la guía y la referencia continua de lo que puede hacer la película en términos de credibilidad, y si nos dejamos llevar por Williams y Duvall es imposible que salgamos decepcionados de la película, aún asumiendo su carácter más o menos estrambótico, que resulta innegable, más aún si nos ponemos en el contexto en el que se creó y estrenó la película.

¿Pero es Popeye un buen filme? Buena pregunta, y ahí tiene mucho que decir el ánimo con el que la vea cada espectador. El guion sí es bastante inocente e incluso escaso, no pasa de ser una excusa para que veamos en pantalla todos los artificios del cómic de los que estamos hablando y para que el musical tenga la fuerza necesaria dentro de la estructura narrativa que nos propone Altman. Es bastante irreprochable lo que enseña, y es sencillo concluir que esto es justo la película que querían hacer. No hay problemas en la realización o escenas que den la sensación de quedarse a medio camino. No es una película fallida, no. Es, sencillamente, Popeye, una cinta bastante inclasificable, lo es hoy como lo fue en su momento, de esas que cualquiera de nosotros animaría a ver a cualquier aficionado al cómic de humor y aventuras aunque solo fuera para ver su reacción al intentar asimilar ese festival de color, golpes, movimientos y sonidos en que se manifiesta el filme desde la secuencia inicial. Lo mejor, claro está, es entrar en ella sin prejuicio y entender que esta manera de entender el cómic en el cine es algo exótico y que Hollywood solo supo abrazar en algunos aspectos una década antes, como en Batman (aquí, su crítica) o Barbarella (aquí, su crítica) y una década después, como en La máscara (aquí, su crítica). Pero aquí fue una rareza. Deliciosa y singular, desde luego.

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Esta entrada fue publicada en 18 marzo, 2022 por en Cine, Paramount y etiquetada con , , .

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