Guion: Eider Rodríguez.
Dibujo: Julen Ribas.
Páginas: 48.
Precio: 16 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Marzo 2022.
Si hay algo que podemos decir sin miedo para analizar lo que hacen Eider Rodríguez y Julen Ribas en Santa familia es justo eso, que no tienen miedo. La familia es algo tan manido para la creación literaria y de ficción que parece difícil encontrar alguna manera no ya nueva sino simplemente fresca de aproximarse a ella. Y en este caso lo hacen, como decimos, sin miedo y rompiendo esquemas. No diremos cuáles, porque en el fondo esa idea de base es la sorpresa fundamental que nos tienen reservada los autores y que lo mejor es descubrirla en la lectura, pero sí podemos decir, sin miedo, claro, que es algo original e inteligente. Es cierto que una idea no basta y por eso también es importante decir que Santa familia, en todo caso, es mucho más que su punto de origen. Tanto es así, que en realidad eso no lo vemos con claridad hasta que no pasamos el ecuador del libro. Atrevida forma de plantear una idea, desde luego, la de hacer una larga introducción que en realidad es tan importante para la historia como ese germen del que hablamos, y compensa con creces, porque hace que el lector experimente algo distinto, sensaciones que, al final, son las que un lector no deja nunca de buscar. Rodríguez y Ribas aciertan de pleno en la fábula moderna que nos proponen, con su idea de familia, con su toque de fantasía para completar un retrato que suena deliciosamente realista.
La idea, claro, es del escritor. Y Rodríguez ha tenido una muy buena para dar forma a Santa familia. Es difícil decir si esa idea surge de la realidad, de algún personaje que se pueda identificar en su vida real, sea cualquiera de los dos componentes de esa extraña pareja que funda un hogar o la intrigante hija que tienen en común. Nora, que así se llama la muchacha, es la clave de todo, y sin embargo no empezamos a conocerla hasta que sabemos quiénes son sus padres, primero por separado y después con el proyecto de vida en común que les une. Si hay algo que se puede alabar de Rodríguez es la naturalidad con la que narra en una historia que tiene mucho de cuento pero también de drama moderno, que encuentra las mejores razones para que dos personas puedan quererse pero también sus momentos más grises. No es este un drama, pero cuela elementos sacados de allí. Y al final lo que nos está mostrando es un maravilloso círculo, un regreso al punto de partida, un empujón para que de algo que empieza se recupere algo que parecía acabado. Así, Santa familia es un canto a la vida singular por la forma en la que se expone, pero delicioso en todo su recorrido, tambien con su insospechado final, que habla, precisamente, de lo que es la familia, de lo que ha sido siempre y de lo que el paso del tiempo ha hecho también de ella.
Y aunque la idea sea del escritor, cuando un ilustrador hace bien si trabajo hace que podamos pensar que él ha contribuido de una forma notable. Sucede con certeza en Santa familia porque no se puede imaginar a los personajes de Rodríguez sin el aspecto que les da Ribas. Qué trazo tan maravilloso tiene, que forma de dar vida a cada secuencia, a cada escenario, a todo un desarrollo vital, tres en realidad, uno por cada uno de los personajes que vemos, y cómo los entrelaza, sabiendo asimilar ese aire de fábula que tiene el tebeo pero sin renunciar a ese pedazo de realidad que le da su razón de ser. No dejemos de lado la forma en la que Rivas entiende la belleza, eso se ve en toda la extensión del cómic, por supuesto en el retrato de Nora y de la vida que en realidad está a punto de empezar para ella, pero tambien en el de sus padres. Casi podríamos decir que su portada nos coloca en un escenario onírico del que esperamos lo mejor y la respuesta a nuestras expectativas es sencillamente brillante. Da gusto que un tebeo escrito con tanta inteligencia encuentre un acabado visual tan hermoso. Y da gusto, por eso mismo, encontrar un cómic como Santa familia, que por alguna extraña razón nos invita a saltar sin miedo a lo que nos está contando como si era fuera la mejor manera de disfrutar de algo je se sale de la norma. Que se sale para bien, por si había alguna duda.
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