Guion: Carlos Trillo.
Dibujo: Alberto Breccia.
Páginas: 176.
Precio: 19,95 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Diciembre 2021.
Vivimos una era dorada de la recuperación de historietas clásicas, de esas que nos llegaron en formatos económicos y populares y que ahora, con el paso de los años, parecen haberse ganado un hueco en las estanterías en forma de lujosos volúmenes. Esto es un hecho que define a la perfección el momento editorial en el que vivimos, uno en el que obras como Nadie, de Carlos Trillo y Alberto Breccia, no solo tienen cabida sino que además encuentran justicia. Hoy en día, Nadie habría sido una serie mucho más longeva de lo que lo fue en su día, a finales de los años 70, cuando Trillo y Breccia alumbraron solo catorce historias con un final claro para que nadie recuperara a su creación, reinventando a su manera los relatos de espías, con historias autoconclusivas y también con algo mucho más ambicioso para orquestar una conclusión memorable para su personaje. No importa cuánto tiempo haya pasado, Nadie sigue siendo una historia fascinante, muy entretenida, retrato de un personaje muy bien pensado para que funcione en sus propios términos pero también para que suponga un análisis certero de la sociedad que le vio nacer dentro de ese mismo género del espionaje que con tanto cariño manejan los autores. Cuando se habla de que las obras no tienen por qué envejecer, aquí tenemos una serie que lo ejemplifica a la perfección.
Nadie, en todo caso, es un tebeo de su época, y Trillo pone al lector en la obligación de hacer ese siempre deseable ejercicio de contextualización. Su sosias de James Bond no es Daniel Craig, y se parece mucho más a Sean Connery, pero en realidad no es ninguno de los dos. Hay mucho de thriller, y quizá menos acción de la que propondría un personaje parecido en el caso de nacer en el celuloide, pero eso no quiere decir que la rehúya. Nadie es, en ese sentido, una obra bastante completa y variable, los misterios que resuelven están en las antípodas de la monotonía o la repetición, y juega con escenarios muy distintos. Cuando llegamos al final del libro estamos tan cerca de Nadie que casi parece mentira que estemos solo ante catorce piezas y poco más de 150 páginas, y es un misterio producto de un escritor formidable que sepamos tanto de un héroe que se mueve en el terreno del misterio más absoluto, sin un origen que le define o un propósito de venganza o justicia personal en su base, pero con el que en todo caso se siente que estamos ante un personaje humano y cercano. ¿Un héroe? Sí, pero no. Nadie es, por eso, una pieza extraña por su composición pero tremendamente entretenida en su ejecución, una interesante redefinición del género de espías que funciona más allá de su procedencia o de su escenario.
En el blanco y negro de Nadie, Breccia luce con descaro. Sus tintas, combinadas con esas líneas que lo devoran todo con firmeza, incluso los rostros, crean una atmósfera sombría y oscura que aleja esta serie de los espías más populares de la ficción popular. Aunque con los guiones lo pueda parecer en muchos momentos, no hay una aventura como la de Los Vengadores televisivos, o una acción como la de James Bond en cualquiera de sus encarnaciones. Breccia nos ofrece algo distinto, casi chocante, desde luego impactante. Eso sí, hay un sabor clásico indiscutible en estas viñetas, producto no solo del trazo de Breccia, sino también del magistral uso que hace de las onomatopeyas, de una manera ya casi olvidada y que ayuda a potenciar los momentos más violentos sin necesidad de que haya planos explícitos, algo a lo que también contribuye el intenso negro de las páginas. Nadie tiene un sabor desde luego distinto a lo que podríamos esperar, y su lectura desde el necesario ejercicio de contextualización que supone asomarse a un cómic de finales de los años 70 es todavía más gozosa por esa razón. Las etiquetas de clásico, mayores o menores, a veces las repartimos con demasiado facilidad, pero cuesta resistirse a dársela al trabajo de Trillo y Breccia, que funciona a las mil maravillas, incluso leído tantos años después de cuando vio la luz por primera vez.
El único contenido extra es un prólogo de Álvaro Pons.
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