Guion: Agustín Comotto.
Dibujo: Agustín Comotto.
Páginas: 176.
Precio: 25 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Febrero 2022.
Acostumbrados como estamos a que otras culturas e historias tengan más hueco en la narrativa popular que la de nuestro propio país, y teniendo en cuenta que el cómic sigue siendo un arte todavía menor para demasiados sectores, es toda una satisfacción ver títulos como Nebrija. ¿Por qué? Muy sencillo. Estamos hablando de la biografía de Antonio de Nebrija, considerado uno de los grandes humanistas españoles, figura de la que seguro muchos potenciales lectores tendrán menos referencias de las debidas. Es también un homenaje en una de esas fechas señaladas que nos invitan a reconocer méritos y trayectorias, pues en 2022 se conmemora el quinto centenario del fallecimiento de su protagonista. Y es, quizá eso sea a priori lo más trascendente, un proyecto auspiciado por instituciones como el Ayuntamiento de Lebrija, la Fundación Nebrija y la Universidad Nebrija, lo que da una idea del valor que se le atribuye al medio escogido para contar la vida del pensador por parte de esferas poco habituadas hasta hace no tanto a respetar tanto las viñetas. Y aunque sea un encargo, Agustín Comotto consigue que luzca de una manera bastante interesante, no solo por lo que cuenta sino por la forma en la que repasa la vida de Antonio de Nebrija en el marco del juicio al que fue sometida por la Inquisición.
La biografía tiene dos obligaciones esenciales para convencer a un lector cualquiera: el interés del personaje escogido y el acierto de escoger la forma correcta de narrar su vida. Negar estos dos aspectos sería un error, y se agradece que Comotto lo haya entendido de esta manera en Nebrija. De las páginas de la novela gráfica se sale con un conocimiento bastante completo de la figura central de la obra, de su pensamiento y de su vida. Y es agradable, mucho, que no haya una linealidad en el relato, que vayamos dando saltos narrativos en el tiempo de la mano de Antonio de Nebrija mientras él mismo relata su vida a los inquisidores que tienen que ejercer de jueces de una obra que sin duda les ha trascendido. El mensaje es claro, el pensamiento humanista está por encima de quienes no supieron entenderlo en su momento, y el propio Antonio de Nebrija es una figura que perdura incluso aunque hubiera quien no entendiera la trascendencia de su legado que ahora, cinco siglos más tarde, se homenajea con orgullo. El trabajo de documentación que hay en un tebeo como Nebrija es superlativa y elogiable, pero eso no tiene por qué restar méritos a lo que Comotto hace para ensamblarlo todo con coherencia y eficacia. Es un tebeo denso, desde luego, hay mucho cartucho de texto, pero las soluciones que encuentra para darle ritmo son bastante irreprochables.
Como buen tebeo histórico que es, en Nebrija también se deja ver el trabajo investigador en su dibujo. Ahí, realmente, no queda mucho más remedio, porque es obligatorio que nos sintamos transportados a la época de Nebrija. Ese efecto, desde luego, se produce, aunque se nota algo más de importancia narrativa en los primeros planos, en lo que los propios personajes dicen con su presencia, que en la abundancia de escenarios que nos puedan llevar a esa época. Es decir, hay más Nebrija que Renacimiento español, aunque esto último resulte fundamental para que lo primero funcione tan bien. Buen trabajo en esto también el de Comotto porque hace que nos creamos la vida del personaje central y los lugares en los que transcurre, pero también porque sabe romper la monotonía de la precisión histórica con páginas que apuestan por una narrativa más libre e imaginativa, lo que termina por eliminar el riesgo de que pueda haber algún elemento de monotonía en la siempre complicada tarea de resumir, también en lo visual, una vida, una obra y un pensamiento. Nebrija, por tanto, se gana a pulso la etiqueta de obra definitiva sobre el humanista al que se acerca, siendo al mismo tiempo una historia casi modélica en sus planteamientos y en su desarrollo. Celebrar un quinto centenario así es un acierto y una honra para el cómic como medio.
El contenido extra lo forman una introducción de Juan Bonilla, un dosier de personajes históricos y un epílogo de Agustín Comotto.
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